Autor: Bebitacora

La odisea del cambio

CAPÍTULO 1 – La odisea del cambio

Cuando me vine a Londres cometí la negligencia de traerme euros en efectivo. Digo negligencia porque podría haberlo cambiado a libras en la tienda de mi madre y no habría pagado comisión, pero ilusa de mi no lo hice.

El primer intento de cambio lo hice en el aeropuerto de Stansted (Londres): me dieron gato por liebre. Para hablar en términos redondos, decir que a día de hoy, por 100 euros, te dan 87 libras. Eso sin comisiones, tal cual lo vale. Bueno pues en el aeropuerto me dieron 75 libras. ¡Toma 12 eurazos de comisión por la patilla! Lo que no sabía es que eso no era nada, lo peor estaba por venir…

Ya en Londres pregunté en un banco y resulta que aquí los bancos no cambian dinero. Bueno, al menos el Santander, que hay uno en cada esquina con la foto del Hamilton. El banco me manda a un Post Office; vamos, que sí, a la oficina de correos a cambiar euros por libras. Pues una vez en correos me dicen que también me dan 75 libras por 100 euros. Pero que si cambio muchos euros me roban un poquito menos, es decir que me dan 77 libras por 100 euros. A mi me sigue pareciendo un atraco y les mando a freir espárragos. Ya encontraré la manera de que no me timen descaradamente, me dije. Y la encontré.

Al mudarme a mi habitación me entero de que una de las compañeras, Irina, trabaja en oficinas de cambio y ella es quien me ha dicho dónde cambiar. En Oxford Street, importante calle comercial de Londres, está lleno de oficinas de cambio; de hecho en una de ellas trabaja Irina. Pues ahí NO hay que cambiar. Como anécdota, te dan 54 libras por 100 euros. ¡Toma! Y yo me quejaba de los 75 del aeropuerto y de correos… En Oxford Street también está lleno de tiendas de hindús quetodolovenden y que es donde SÍ hay que cambiar. Está un poco oculto, cuando vas por la calle tienes que fijarte en estas tiendas que se distinguen porque la mercancía se les sale hacia afuera de la presión que ejerce tanto producto en su interior. Y entre tanto artículo suelen tener un cartel en el suelo en el que pone Bureau de change e indican las libras que dan por la moneda que sea.

Aún así hay que preguntar, pero yo he hecho la prueba en una: en el cartel ponía que daban 86,25 libras por 100 euros, y tal cual me lo dieron. Nada mal teniendo en cuenta que hoy la libra está a 0,8752…

CAPÍTULO 2 – La odisea del cambio

Y para los que andáis con más tiempo o sois más ociosos, os regalo esta anécdota extra.

Hace un par de días fuí a una de esas oficinas de cambio de Oxford Street en las que NO hay que cambiar con la idea de preguntar. «¿Cuántas libras me das por 100 euros?», pregunto. «54 libras», me contesta ni corta… «¡¿Cómo?! Te estarás equivocando…», rebato. «No, no… ese es el cambio», reitera. «¡Y una leche!», le increpo y me piro, indignada. Nada más poner un pie fuera se me acerca un individuo y me dice que necesita dólares, que si le cambio a él. Le digo que no tengo dólares así que me dice que entonces lo que necesita son euros. Los que me conocéis sabéis que soy de efectos retardados, así que el tipo me caló y sabía que yo tenía euros. Yo seguía sin saber que él tenía billetes falsos, pero algo me olía mal. Que me pusieran 90 libras en la mano por el careto era algo extraño. Se acercó a otra oficina de cambio para que yo chequeara que eran billetes en curso. La chica del cambio también olió algo raro y me preguntó si íbamos juntos. Le dije que no y que no sabía lo que estaba pasando. Entonces me dijo que tuviera mucho cuidado, que ayer le había pasado lo mismo y que era peligroso etc etc etc… Ahí ya me cayó la moneda y me piré, pero el tipo volvió a llamarme. Yo le ignoré. Y empezó a venirme la lucidez. «Claro, ahora el tío sabe que llevo euros y me estará siguiendo». Y empecé a mirar hacia atrás y ví a un montón de sospechosos, sospechosos por todas partes.

Miraba hacia atrás, un sospechoso con gabardina y las manos en los bolsillos mirando al suelo siguiéndome. Miraba adelante, otro sospechoso saliendo de un portal. Seguro que están compinchados y se avisan por el móvil y se hacen el relevo. Me refugié tras una pareja. Y al rato pensé que igual el hombre era otro sospechoso camuflado con una mujer. O igual lo era la mujer, que hoy en día la igualdad está a la orden del día. Me metí en un Mac Donald’s y pedí una ensalada sin hambre. Ahí la gente no parecía tan sospechosa, con los coloretes en la mano y empolvándose la nariz mientras en la mesa de al lado engullían una hamburguesa. Hice tiempo para que los sospechosos se hartaran de esperar y fueran a timar a otro viandante. Me metí en el metro, me quedé de pie para controlar a los sospechosos.

Encontré a unos cuantos sospechosos. Uno en concreto tenía cara de ir a bajarse en mi misma parada. Estuve a punto de simular una salida en una parada anterior para engañarle, pero no me animé. En cambio él si se animó y se bajó.

Ha debido resultar mi táctica de hacerles esperar en el Mac Donald’s porque no me han robado. O igual me van a esperar mañana al salir de casa… ¿Y si me reconocen cuando vaya otra vez por Oxford Street?

Fernando’s Kitchen

Como chica de ideología «dejarse llevar» que soy, cuando más disfruto es cuando me encuentro de manera inesperada con situaciones que hacen detenerme y posponer aquello que me disponía a hacer. Hoy ha sido un día en el que he vivido tres situaciones de estas. Hablaré de una de ellas; las otras dos me las guardo en la manga como dos ases…

Había quedado en Trafalgar Square, frente a The National Gallery, cuando me llamó la atención una música étnica que salía del centro de un corro de personas. Me asomé y me encontré con tres músicos: un contrabajo, una guitarra española y un cajón flamenco. Curiosa combinación que mezclaba ritmos y sonidos flamencos y africanos:

Fernando's kitchen

Sonaba muy bien y afortunadamente estaba justo en el lugar en el que había quedado, así que mandé un mensaje con mi posición exacta y me quedé a saborear el momento. El ritmo de la música y la tarde soleada y no muy fresca invitaban a descalzarse y ponerse a bailar con una cervecita en la mano, pero me limité a escucharles.

Gracias a que en la foto aparece su nombre, he buscado en Internet y he encontrado su página web. Os dejo con un fragmento de ‘Fernando’s Kitchen‘.

Primeras andanzas

Hoy me mudo a mi habitación. Al fin podré instalar mi portátil, colgar mi ropa en perchas y contar mis primeras andanzas. La ropa lleva dos semanas en la maleta, y como la metí siguiendo las instrucciones de mi hermana, esto es enrollando cada prenda como un chorizo para aprovechar los espacios y que cupiera más, pues no hace falta que diga en qué estado está todo. Creo que una plancha no va a ser suficiente…

El miércoles se cumplieron las dos semanas desde que estoy aquí y a decir verdad es a partir de ese día que he empezado a disfrutar realmente de Londres. La primera semana no daba abasto buscando alojamiento -vale… y haciendo algo de turismo entre habitación y habitación…-, y la segunda semana me fui a Alicante a ver a aquellos a los que perdí de vista en tiempos en los que la ESO y la LOGSE -para quien sepa qué es esto…- quedaban bastante lejos, hará unos 22 años. Cómo disfruté del reencuentro es otra historia, a lo que voy es que estando en Alicante poco iba a disfrutar de Londres ;)

Entre el miércoles y hoy he ido al primer pub de música en vivo, y le seguirán muchísimos más… El ‘Ain’t nothin’ but…‘ es un bar de blues situado en Kingly Street, en el Soho, pleno centro de Londres. Es un bar pequeñísimo, con una banda distinta cada día tocando al fondo, aprisionada por la multitud de gente que está ahí no como oyente casual, sino como escuchante emocional.

Anoche le tocó el turno a una banda formada por un batería, un contrabajo, un bajo y un cantante con su armónica. Cuatro personajes que rondan los 50 a cuyo grupo soy incapaz de poner nombre por no haber tomado nota de él a tiempo. La «culpa» es de la web que ya está actualizada con la próxima actuación… maldita eficacia… :)

Retomar el timón

Hace unos meses creé este blog con la idea de contar mis aventuras y desventuras londinenses. Lo dejé estancado a conciencia: dado que mi viaje se pospuso de manera indefinida no me apetecía hacer relleno con otros temas. Hoy, al fin, retomo las riendas. He llegado a Londres hace cinco días, el miércoles 11 para ser exactos. Después de los primeros días habituándome a la ciudad vuelvo a retomar el timón.

El inicio ha ido sobre ruedas. Empezando por la acogida por parte de Patxa, amiga de Pamplona, y sus compañeros de piso «londinenses».

Los meses pre-viaje he estado un poco acojonada…: no dar la talla con el idioma, alojamiento, trabajo, sentirme sola (bueno, esto no, que a mi me mola). Pues haciendo balance estos cinco días resultan más que positivos. Salvo el primer día que puse mi reloj, el que no tengo ni quiero, en modo off y me dejé llevar por Patxa y por el momento -nuestro plan era hacer unas compras y comer en Camden y terminamos haciendo unas compras y cenando en Camden, rellenando el hueco entre medio con unas cuantas cañas y sin comer-. Pues eso, salvo ese primer día, me estoy desenvolviendo genial. Entiendo todo -desde pakistanís angloparlantes hasta guiris de pura cepa inglesa- y me hago entender. A veces hago trampa y utilizo el comodín del francés, pero da igual, me hago entender que es lo que cuenta. He ido de acá para allá en metro, en autobús, en tren… me he apeado de buses estropeados y de metros cortados a medio camino, y sin problema. Pido cosas en las tiendas y en los bares y me dan lo que he pedido. No pillo muy bien las monedas, pero extiendo la mano mostrando un puñado de ellas y se sirven solos. Vamos, que muy contenta con cómo me desenvuelvo.

Como contrapartida tengo que confesar que me he pegado unos cuantos sustos. No paro de ver coches que se conducen solos o, incluso, a veces son conducidos por niños de 12 años. Me han intentado atropellar varias veces -o igual soy yo que me meto delante de los coches-. Yo les grito: «¡Eh! ¡Que vas en sentido contrario!», pero no me hacen caso, ellos vienen contra mi por donde menos me lo espero. Bueno, con paciencia…

Una cosa que no me está gustando de todo esto es que Londres huele a curry. Si España huele a ajo, Inglaterra huele a curry, que es peor.

Otro día os contaré cómo llevo la búsqueda de alojamiento (evocar el olor a curry me lo ha recordado…). Por el momento os invito a que me sigáis a través de este blog cutre en diseño, lo sé, pero espero que ameno y rico en contenido.

¡Un beso!

Soundchaser

Al fin he ido a escuchar al grupo del que hablé el 11 de noviembre, Soundchaser. Son tres chavales, españoles el cantante-guitarra y el bajo, y quizá sueco o suizo el batería. Son muy buenos en mi opinión, dignos, como dije el otro día, de telonear a cualquier banda de rock-heavy que se precie, y de que les teloneen a ellos. Están todas las noches tocando en una terraza a orillas de playa en el sur de Tenerife. No está mal el lugar, la pena es que la zona está orientada al turismo. Nosotros nos colamos ahí por mi insistencia, y ya sabéis que les descubrí totalmente por casualidad.

Tocan una variedad de rock tirando a heavy. Ellos van preguntando qué queremos escuchar, si Deep Purple, Metallica, Led Zeppelin… Aunque finalmente tocan lo que ellos quieren jaja… Hay que tener cuidado, porque si no se les pide nada pueden ponerse a tocar ABBA o Britney Spears… Imaginároslos cantando ‘Oh baby baby’… XD

Se pegan unos punteos haciendo que las canciones duren 10… 15 minutos, o quizá más; uno puede imaginarse cómo están disfrutando del momento, diría que se ausentan por completo del entorno.

He grabado algunos fragmentos. La pena es que no paraban de pasar los camareros o gente entre medio y pocos se pueden salvar, salvo este que, aunque con no muy buena calidad, quizá sea el mejor. Espero que lo disfrutéis tanto como yo:

I love Rock’n’Roll

Vengo de correr por la playa y, al tercer largo, me ha llamado la atención un grupo de Rock tocando en una terraza pegada a la arena. Me he acercado y ¡ahí que me he quedado escuchando! Era un grupo de tres chavales, prototipo rockanrolero total: melenas p’alante y p’atrás al ritmo de la música, tatuajes y camisetas negras. Un batería y dos guitarras. Quizá uno era bajo (bajista, no bajito…), pero no sé distinguirlo. Tocaban genial, pa’ mi gusto dignos de telonear a Metallica o Guns N’ Roses y no de quedarse en un chiringuito playero tocando cada noche. Pero yo contenta, oye, que si no no les habría descubierto.

Maitetxu, compañera eterna de directos, ¡lo habríamos disfrutado de lo lindo! ;)

Eran guiris. Y el bar también estaba petao de guiris. ¡Qué buen gusto tienen los guiris! Y los camareros… chinos. Aún así, voy a convencer a mis amigos moteros rockanroleros para ir a echarnos una cervecita, a ver si les pillamos tocando otro día. ¿Alguien sabe pedir una cerveza en chino?

From lost to the river lol

El otro día doblaba unas sábanas bajeras yo sola (sí, es posible hacerlo uno solo) cuando vi en la tele un anuncio de una serie española que seguramente conoceréis: «AIDA: From lost to the river». ¡Eh! ¡Qué raro que ponen el título en inglés!, pensé y seguí con mis sábanas, sin más, como dirían mis pamplonicas. Y a los pocos segundos reaccioné. ¡De perdidos al río! jajaja! O… LOL, como dirían muchos chateantes extranjeros.LOL es un acrónimo que viene del inglés Laughing Out Loud, o Lots Of Laughs, que viene a significar «reirse a carcajadas». Pero no lo usan sólo los angloparlantes, se lo he visto también a belgas y franceses. En la Wikipedia he visto que en Holanda es una palabra nativa que significa «diversión». Está extendido, así que supongo que en España lo adoptaremos pronto.Yo abogo por la escritura con todas sus letras, un mensaje de móvil sólo lo abrevio cuando de uno pasa a ser dos mensajes. Hay que ahorrar, pero pasta, no letras. Pero si decidís usar acrónimos, os recomiendo que visitéis The free dictionary. Encontraréis la definición de miles de acrónimos ingleses: BTW, OMG… Para cada uno incluso hay múltiples significados, según el contexto. Pero no sólo encontraréis acrónimos, también expresiones (el informal «hiya»), definiciones de diccionario y de enciclopedia y refranes. ¡En muchos casos incluso la locución!He puesto «lost» y «river» a ver si salía el de Aida, pero no salía LOL. En cambio, he encontrado otros idioms muy curiosos ;)

De adioses y bienvenidas

Acabo de devolver las llaves del piso en el que he vivido estos últimos cuatro años y poco más. Después de tanto meditar, sopesar, valorar y decidir, finalmente está hecho: vaciado y devuelta la llave. Ha sido duro, no os voy a engañar, y mi primer sentimiento ha sido de tristeza. Y miedo, algo de miedo por haber dejado el trabajo, por quedarme sin piso y, lo más importante, dejar a mis amigos y primos.

Pero no me ha costado mucho recordar que las dos primeras cosas, aunque importantes, son materiales. En cuanto a la tercera, me quedo con que lejos de «perderos», he ganado eso: amigos. Y todo lo que conlleva: muy buenos ratos.

Como me ha visto un poco triste, mi prima Val me ha dicho que no se puede hacer una tortilla sin romper huevos, ¿lo sabíais? Yo no. Ahora lo sé. Todos me habéis dicho cosas y todas me han calado, pero lo de los huevos es muy gráfico, ¿no creéis?

Así que eso, vais a ver qué tortilla más rica me va a salir.

Ahora, a disfrutar unos días de sol con la familia, ¡y luego a pasar frío y lluvia!

See you ;)

U2 II

Ya está, ya ha pasado. Tantos meses esperando, con las entradas bien guardadas para que no se pierdan, dos horas de concierto y ¡ya está! Pero no sólo dos horas de concierto de U2, no, ha habido mucho más. Una compañía inmejorable (gracias, primos), un día por un fresco y soleado Donosti, de pintxos en La cuchara de San Telmo, un descanso (heladito incluido) en unas escaleras del puerto que se hunden en el mar, un paseíto hasta el estadio a lo largo del río y… una hora de los teloneros Interpol mas dos horas de U2. Un despliegue de luz, sonido (bueno, al principio se oía un poco mal, pero lo arreglaron) y color tremendos, para U2 claro está. Los de Interpol disfrutaron de la luz imprescindible, pero valió la pena. Los teloneros buenísimos (es un grupo que he descubierto hace no mucho gracias a los libros de la saga Eclipse), y qué decir de U2. No habían llegado a sus puestos en el escenario ni mucho menos comenzado a cantar, cuando ya empezó a ponérseme la piel de gallina. Os dejo con un momento del concierto, I still haven’t found what I’m looking for.

Érase una vez…

Érase una vez…

Hace unos diez meses me subí a un avión junto a mi amiga Mabel que nos había invitado a mi y a otras dos amigas a pasar unas vacaciones. Hablando de todo un poco, le pregunté algo que me ronda la cabeza hace años: que qué tengo que hacer para trabajar como ella recorriendo mundo y conociendo gente. «¿Sabes inglés?», me preguntó. «Bueno… a mi profe que vocaliza estupendamente le entiendo, pero a los guiris…», le contesté. «Si aprendes inglés habrás metido un pie y medio dentro». Así que yo, tras un tiempo de meditación, charlas conmigo misma, intercambio de opiniones con mis allegados, etc… me encuentro a punto de tomar un avión dirección a la escuela: Londres.
Sí, eso ya me lo han dicho: Londres no es el mejor lugar del mundo para aprender inglés. Está tan lleno de extranjeros que casi no se habla. Sin embargo, otros me dicen lo contrario. Por lo que creo que son experiencias personales y que de lo que se trata es de hacer vida con los ingleses, no con los extranjeros. Así que he elegido ese lugar para vivir mi propia experiencia.
Después de tomar la decisión, se han dado un cúmulo de circunstancias que me han encaminado unas tras otras a lanzarme a esta aventura. La última, y puesto que lo que más me está costando es dejar a mi gente pamplonica y mi piso ‘mejorimposible bienubicado’, es que ha venido el portero a decirme que me van a limitar la potencia eléctrica tanto tanto que no voy a poder ni cocinar con un sólo redondel de la vitro, no digamos ya con dos y con la luz de la cocina encendida. Así que, ¿qué hacer si no puedo invitar a mis amigos a mi piso a cenar? No me ha quedado alternativa.
¡Y aquí estoy! Creando este blog del que tanto he hablado y espero que sigáis, sobre todo mi madre que siempre se preocupa de por dónde ando (ya te enseñaremos a entrar, tranquila; hermanas, ¡help!), con mis escasos conocimientos (dadme tregua, bikonianos) sobre el tema y recurriendo al de mi ex compi y amiga ‘Tu blog a porter‘ para copiarme de algunas cosas (Ana, pondré «vía…», ¡promised!). No olvido agradecer a Maitetxu el Brainstorming que nos obligó (sí, Iñaki, fue obligación) a ausentarnos de nuestras casas hasta el amanecer con el buen fin de ponerle nombre.
Por mi parte, procuraré ir contándoos mis andanzas, haciendo mis recomendaciones y esas cosas. Lo primero va a ser este finde en Madrid con mis chicas -Maite, María y María-, pero esto será mañana que ahora mirad la hora que es…

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