Descubrimientos imprevistos

Esta mañana me dijeron que hoy iba a ser el último día de buen tiempo, que a partir de mañana empieza a llover. Así que agarré la bici, empecé a pedalear dirección, digamos, Este, hasta que llegué a Rottingdean.

No hice visita turística, mi llegada a este pueblo fue casual. Podría haber seguido pedaleando pero me paré aquí. Me dejé llevar y descubrí un rincón muy acogedor. Estuve unas cuatro horas sentada, mirando el mar y pensando en mis cosas. Uno de esos momentos, descubrimientos imprevistos, que tanto me llenan.

Me he quemado la cara y los brazos… ¡Qué raro! Pero es que no estaba tomando el sol. Sólo estaba pensando en mis cosas y el sol no pegaba fuerte como para darme cuenta de que me estaba quemando.

Descubrimientos imprevistos

El banco en el que estuve sentada cuenta una historia. La historia de una tal Violet Lilley que falleció a los 85 años de edad, pero que antes de fallecer conmemoró a su difunto marido Bill Lilley que tanto disfrutó de este paseo bajo el acantilado. A su vez, alguien conmemora a Violet, adorable esposa de Bill.

Puedo ver a Violet y a Bill sentados en este banco en el que ahora estoy yo, después de un largo paseo cogidos de la mano.

Rottingdean, Brighton, UK

Qué historias ocultará este banco, este paseo… me pregunto.

The Spanish Combination

The Spanish Combination

Hace no mucho pensaba que los ingleses no estaban interesados en aprender otros idiomas. ¿Que por qué? Por varias razones. Por una parte porque no lo necesitan. Todo el mundo quiere aprender inglés, y cuando digo todo el mundo, es todo el mundo. Por otra, porque todo el mundo habla inglés. Particularmente considero que los idiomas son muy importantes; la cuestión es, ¿qué idiomas?

He vivido la mayor parte de mi vida en una zona turística y he tratado con todo tipo de turistas. Y mi particular investigación lanza la teoría de que los ingleses son -vamos a decir casi- los únicos que se dirigen a cualquiera en inglés, sin comprobar antes si hablan su idioma. Y para qué habrían de hacerlo si saben que les van a entender con un alto margen de probabilidad.

Últimamente mi teoría está dejando de caer por su propio peso. Una de las primeras cosas que hice al llegar a Brighton fue poner un anuncio en el que proponía intercambio de idiomas. Es decir, me ofrecía a enseñar español a cambio de que me enseñen inglés con una condición: que fueran nativos y no extranjeros con conocimientos del idioma. No salgo de mi asombro al comprobar la cantidad de gente que, aún hoy -unos dos meses después de mi llegada- me sigue llamando interesada. La gran mayoría tienen muy buen nivel de español y mucha predisposición a aprender además de a enseñar su idioma. Añado además que gran parte de ellos son profesores de inglés.

The Spanish Combination

Y esta noche ha sido la de la abolición de mi teoría. Una amiga me propuso ir a The Spanish Combination. The Spanish Combination consiste en que cada jueves a las 21h. un grupo de gente hispano y angloparlante se reúne en un pub, The Cornerstone, y habla entre sí en ambos idiomas. Antes de ir no tenía muchas expectativas puestas en la experiencia, pero el balance final ha sido claramente positivo.

Cuando llegué sólo estaba mi amiga y una señora más. Nos sentamos un rato las tres y al poco me dirigí a la barra. Estaba pidiendo mi half pint y alguien a mi lado me preguntó si venía a lo del intercambio. Tenía aspecto de español pero era inglés de pura cepa. Le invité a unirse a nosotras. Cuando íbamos hacia donde estaban mi amiga y la otra mujer, ya no eran dos, eran cinco personas. Y dos minutos después llegaron otros dos que se unieron al grupo. Cuando me quise dar cuenta éramos un grupo de entre diez y quince personas. ¡Pero esto no es todo! Empecé a fijarme en el pub y descubrí que se habían formado nuevos grupos. Ingleses con ganas de aprender o mejorar su español. Españoles con ganas de aprender o mejorar su inglés.

En conclusión, ha sido una experiencia muy enriquecedora, interesante y productiva. Yo, además de haber conversado durante tres horas con ingleses, me he llevado una posible propuesta de formación laboral… en inglés. Además, he aprendido que no sólo I like, sino que I like it… ;) ¿Quién da más?

Un imprescindible

Uno suele irse por los Cerros de Úbeda cuando se trata de perseguir la felicidad y no se da cuenta de que la tiene ante sus narices, de que quizá se trata del instante que está viviendo. Un instante, mas otro intante, mas otro… estos son los que conforman la felicidad.

Hoy disfruté de un momento de estos. Un día soleado, paseo por la playa. Tumbada en una hamaca en el Brighton Pier, sobre el mar y con vistas al mar. Suena una canción* que quizá complementa -o completa- el instante. Me percato de que realmente estoy disfrutando el momento y lo aprecio.

Un imprescindible

Y como todo encanto tiene su desencanto… Como todo hechizo es roto por el maleficio de la bruja… Este no iba a ser menos.

Estaba con los ojos cerrados pensando en mis cosas cuando de pronto sentí un taponacito en la parte interna de mis rodillas y, seguido, un calorcito diminuto que iba resbalando por mis piernas. Me sobresalté, abrí los ojos, me incorporé y miré. Todo ocurrió en décimas de segundo, desde el taponacito hasta que estaba incorporada y ví qué sucedía.

Una cagada de gaviota.

Hala, momento feliz al traste.

Lo típico, miras a los lados esperando que nadie se haya dado cuenta. Como cuando te caes en medio de una rambla un domingo de verano en que la gente no tiene otra cosa que hacer que pasear por la rambla. Te caes y esperas que nadie te haya visto. Pues yo igual con la necesidad del bicho volador. Bueno, recurro a mi bolso recordando que no me quedan pañuelos y diciéndome a mi misma «¡Algo habrá! ¡El fular aunque sea!». Cuando de pronto me viene la luz y recuerdo las toallitas húmedas. Porque no creo en aquel, si no diría benditas sean. Me quedaré con que son un imprescindible.

Y comienza a abordarme de nuevo la sensación de felicidad de la que vengo hablando. «Menos mal que ha sido en las piernas y no en el pelo o en la ropa…». «Menos mal que tengo toallitas, para que luego los varones se quejen del bolso de Mary Poppins que solemos llevar las féminas».

La conclusión final que hago es la siguiente: No sé qué probabilidades hay en la vida de que te cague una gaviota pero supongo que pocas y a mí ya me ha cagado. Así que supongo que ahora me toca seguir disfrutando de esos instantes con la esperanza de que, ahora, le caiga a otro.

* El título de la canción es casual. ‘England‘, de The National. Estaba sonando, me percaté de lo bien que me sentía y miré el título.

Rainy day

He salido a las 8:25 a coger el bus para ir a clase y hacía sol y buena temperatura. A medida que transcurrían las horas el cielo se ha ido engriseciendo. Al finalizar la clase el profesor nos dijo que nos sintiéramos libres de irnos y, mirando al cielo, predijo que teníamos cinco minutos antes de que empezara a llover. Todo en inglés, rainy day, feel free to go, blablabla No habían pasado diez segundos de su predicción cuando empezó a caer un chaparrón de órdago.

Aún así nos fuimos. Nos sentíamos libres de ello.

Salí, abrí mi paraguas de una libra y me encaminé a la parada. Cogí el bus y me paré en la zona comercial. Una compañera me había dicho que en Waterstones, una librería en la que estuve hace un par de semanas, tienen libros de prácticas del First de Cambridge. Allá que me fui, pero ilusa de mi el otro día pensé que sólo había una planta de libros y otra de cafetería. El otro día sólo estuve en la primera planta y vi la cafetería anunciada pero no subí. Hoy, buscando el libro de prácticas, empecé a subir y me encontré con una segunda planta. Ahí no estaba.

Vi más escaleras. Subí. Ahí tampoco estaba. Ya van tres…

Vi más escaleras. Subí. Ahí tampoco estaba. Pero sí estaba la cafetería. Cuatro plantas.

Más escaleras. Subí. Al fin encontré el libro. Cinco plantas repletas de libros!

Buah, qué gozada… Sí, ya sé que la FNAC existe, pero a mi me hacía ilusión encontrar una librería de cinco plantas aquí, donde vivo ahora. Y con cafetería en medio.

Total que subí cinco pisos para nada porque el libro que había era un timo. Yo que pretendía ser legal y no descargarlo de Internet… Me fuí.

Al salir a la calle seguía lloviendo pero el órdago se había elevado a la quinta potencia. Es decir, llovía un huevo. Me dirigí de nuevo a la parada para continuar mi trayecto a casa y mi cabeza iba pensando. «Llueve, con truenos y relámpagos incluídos. Mira esa con la minifalda hawaiiana, qué frío! Vengo de una librería de cinco plantas con cafetería. No es momento de ir a casa. Es momento de entrar en una cafetería, pedir algo caliente, sentarme con un libro junto a una ventana y disfrutar del momento. Al fin y al cabo de eso se trata, de disfrutar el momento». De disfrutar cada momento como si fuera el último.

Mientras mi cabeza seguía pensando di media vuelta. Ríos de agua bajando por las aceras y por los desagües más. Todos los semáforos en rojo, el de peatones y el de coches. Parados al borde de la carretera esperando a que el semáforo se pusiera en verde. Todos parados como idiotas, más idiotas los peatones que nos estábamos calando gracias al viento lateral que acompañaba a la lluvia torrencial. Una valiente se atreve a dar un paso hacia adelante y a medio camino se arrepiente metiendo el pie justo por donde más agua corre. Toma pie hundido hasta el gemelo. Qué frío!

Se pone en verde -o no, pero cruzamos-. Frente a mi la entrada a Waterstones y la gente refugiada en la entrada -qué chico más mono!- esperando que amaine la lluvia. Venga, que ya queda menos. Ten cuidado con los charcos. Plas… Plassss… El agua hasta los tobillos y un fresquito bajando llenando poco a poco mis zapatos. Me acuerdo de la del semáforo. Pero si estoy en la acera! No es un charco, es el río que baja por la acera.

Subo. Chof, chof, chof… Tercera planta, cojo un libro. Chof, chof… Cuarta planta. Cafetería. Sólo una mesa libre junto al baño. Delante de mi un señor. Mierda… Lo pide para llevar. Bien! -seguro que tiene una piragua en la entrada-. Pido mi… consumición. Se levanta un señor sentado a una mesa junto a la ventana. Se va. Bien! Allá que voy. Chof, chof…

Me siento, abro mi libro, me traen mi chocolate caliente, miro hacia la calle y veo una marea de paraguas moviéndose en todas direcciones. Me pongo los auriculares, mi música, un sorbo a mi chocolate, vuelvo a abrir mi libro… ¿Se puede pedir más?

Rainy day

La SEÑORITA y el CHOCOLATE

Rainy day

CHOCOLATE: Me quieres, Señorita, ¿no es cierto? ¡Me quieres! ¡ME QUIERES!

SEÑORITA: No Chocolate, no te quiero, después del placer inicial vienen las NÁUSEAS y luego la CULPA.

CHOCOLATE: Esa, Señorita, es la razón de mi existencia. ¿Me vas a denegar mi razón de existir?

SEÑORITA: No, Chocolate. No haría eso.

CHOCOLATE: Gracias.

(Se oye alguien masticando, seguido de un suspiro de placer).

Lo que no te mata…

Hace poco leía por ahí algo así como «Si estás en esta vida es porque eres lo suficientemente fuerte para superarla«. Solemos pensar que no seríamos capaces de enfrentarnos a determinadas situaciones: un fatal accidente, una enfermedad letal, la muerte de alguien querido… esto último sobre todo cuando ocurre en circunstancias extraordinarias, como que le ocurra a un pequeño.

He de decir que somos capaces de superar lo inimaginable. Y no sólo somos plenamente capaces de superarlo, sino también de hacernos más fuertes, de aprender a relativizar y de valorar tanto a las personas como a las cuestiones materiales.

Hoy se cumple un año de que mi vida diera un giro inesperado. Un giro que me hizo deshacer todos mis planes y paralizarlos durante un año. Esto fue el culmen de una serie de acontecimientos que me han marcado para siempre. Ha sido -está siendo- con creces la etapa más difícil. En cambio, lejos de acabar conmigo, hoy me analizo y me siento más fuerte que nunca. Mi escala de valores ha cambiado por completo. Lo que entonces me hundía hoy me resbala. Tal cual lo digo.

Hoy valoro más mi vida, aprecio aquello que tengo y está por venir, valoro también más a las personas. Hoy, ya no juzgo a la primera de cambio. No critico que alguien actúe de determinada manera porque no tengo ni idea de lo que lleva a sus espaldas. Hoy miro a la gente -conocida o no- y me planteo qué le habrá deparado la vida.

Mi accidente es una mierda. Hoy, un año después, me sigue doliendo, sigo andando a duras penas y me sigue limitando. No tengo ni idea de si será así siempre o si aún puede haber alguna mejoría, el tiempo lo dirá. Lo que sí tengo claro es que ando, y si duele le pongo hielo y a la mañana vuelta a empezar. Me ha hecho posponer mis planes pero hoy los he retomado, por lo tanto no ha sido más que una pausa. Y es una mierda, sí, me refiero a que es una nimiedad comparado con el resto. Comparado, por ejemplo, con que una madre esté y no esté desde hace un año, un mes y nueve días.

Con todo esto quiero decir que pase lo que pase todo es superable. Mejor o peor; con menos o más pena, pero todo se supera. O, en el peor de los casos, se aprende a vivir con ello.

Hace unos días me emocioné mucho porque un amigo escribió: «Mamá, donde estés, yo soy porque tu fuiste, o quizás sigues siendo«. Hoy me apropio de sus palabras.

Y recuerda: Lo que no te mata, te hace más fuerte.

A mis hermanas, hermano, sobrinos y padre.

Prejuicios

Un día de estos iba andando por el paseo marítimo y me crucé con un ciclista. ¿Y qué? Diréis. Los hay a cientos, a miles, a millones… Y es cierto. Esta ciudad está tan preparada para el ciclismo que en su web oficial lo propone como «Cosas que hacer«. Bueno, pues como decía me crucé con un ciclista y me estuve riendo unas tres horas yo sola:

Prejuicios

No tuve tiempo de sacar la cámara a tiempo y tomé la foto ya de lejos y de espaldas, así que no se puede apreciar bien. Quizá en ésta se vea mejor:

Prejuicios

Está empinando el codo, ¿lo véis? Una Heineken. Y me hizo gracia oye, estas cosas sólo las haría un inglés -ya no digo guiri, vaya…-. Como decía, estas cosas sólo las haría un inglés: deporte mientras se echa una cerveza. Como bien me dijo mi primo, será su bebida isotónica. La de los ingleses, quiere decir. Seguí caminando y horas más tardes, sorprendida por la cantidad de ciclistas que estaba viendo, descubrí qué ocurría. Habían venido desde Londres hasta Brighton organizado por la «British Heart Foundation» –Fundación Británica del Corazón-. Esto cambió mis prejuicios… Lo que en un principio ví como un lazy sportsman -deportista vaguete- ahora lo veía como un «Te la mereces, campeón».

Esta vez sí que sí

Bueno, bueno… hace tiempo que no escribo, lo sé. Esta vez he querido ser precavida y aquí estoy, esta vez sí que sí, escribiendo desde Brighton cuando llevo aquí once días. Aunque temporalmente, estoy instalada, y como dice una buena amiga, mimetizada -con esto quiere decir que alguna tarde me tomo una pint, bueno media porque a estos ingleses es difícil seguirles el ritmo-.

Y como una imagen vale más que mil palabras voy a mostrar y explicar un poquito. ¡Ahí va!:

Brighton Pier, UK

Esta es una vista desde el Brighton Pier. Originariamente, en 1823, fue una plataforma de atraque de barcos llegados de Francia. Durante diez años sufrió una serie de tormentas que causaron daños irreparables, hasta que en 1889 lo compró una compañía privada. Fue reconstruido y, con un coste de 27.000 libras en rehabilitación, reabierto el 20 de mayo de 1899. A lo largo de los años lo han ido modernizando con atracciones punteras, hasta llegar al día de hoy en que se ha convertido en una mini feria flotante con puestos de comida y bebida.

Brighton, UK Aquí el mar es verde… Como anécdota, contar que lo primero que ví al llegar a Brighton fue a un tipo plantar esa bandera roja y amarilla en la playa. Yo, desde mi ignorancia y contando con que estamos con la Eurocopa, pensé que era un patriota español marcando territorio. La bandera me pareció un poco chunga, todo hay que decirlo, a falta de una banda. Pero bueno, en mi defensa diré que no había dormido más que tres horas. A catorce grados y ese mar verde y revuelto, lo que menos me iba a imaginar era que se trataba del socorrista de la playa plantando la bandera de baño seguro. ¡Joé no hay más que fijarse en lo abrigada que va la gente!

 

Pero también sale el sol. Y la gente está a las puertas de las Royal Pavilion, Brighton, UK playas y los parques preparada, lista… Y cuando el sol sale, ¡ya!, echa a correr para aprovechar al máximo esos rayitos calentitos. El Royal Pavilion es un palacio de apariencia oriental construido por el rey Jorge VI -ese al que todos conocemos- entre 1787 y 1823. Además del visitable palacio, hay museos, galerías de arte y librerías. Y, rodeando los edificios, unos preciosos y cuidados jardines en los que se tumba la gente a leer, de picnic, a tocar los timbales o, simplemente, relajarse a tomar el sol.

Hay que joderse

Hay que joderse, sí. Porque pocas otras cosas podemos hacer. Hace unos días publicaba una prima mía en su Facebook, y cito textualmente su cita textual: «Los esfuerzos para salir de la crisis serán compartidos, justos y equitativos. Mariano Rajoy. jajajajjajajajjajaajajajajjajjajaajajajjajajaajajja«. Las carcajadas también son textuales, de ella. Me la imagino doblada con la mano sujetándose la barriga, roja de la risa y hasta con lágrimas en los ojos del descojone también.

A mi me vino a la mente algo que había oído hacía poco en Radio 3. Hablaban de Ana Botella y de una propuesta que ha hecho recientemente en la que «pide» «voluntarios» para que trabajen para el ayuntamiento. «Voluntaria y, por ende, gratuitamente».
Al parecer, para paliar la crisis en el ayuntamiento de Madrid se ha propuesto no cubrir los puestos de trabajadores que se dan de baja por traslado o por jubilación. Aproximadamente unos 2.000 puestos menos. ¡Qué va! Ya estamos los parados ahí disponibles para ir a sacarle el trabajo por la patilla, total, como no comemos ni tenemos gastos que pagar y no necesitamos tiempo para patearnos las calles en busca de curro… ¡Mejor dedícate a generar empleo, señora!

No tiene desperdicio… Un ejemplo, y vuelvo a citar textualmente: «Las posibilidades son múltiples, queremos voluntarios medioambientales, culturales, que de alguna manera se organicen para cuidar los centros públicos. En cambio, hay otros ámbitos, como la limpieza, en los que no se ha planteado esta iniciativa

Aquí van los artículos, pongo uno de cal y otro de arena, ¡qué benévola soy! Tanto como «la que le da a la botella» como decían en la radio. Por cierto, ¿algún voluntario para limpiarme la casa?

En España, hay que joderse

tch!

Acabo de leer ‘Generación tch!‘. Alguna vez se me ha ocurrido que todos formamos parte de un gran hermano y que alguien -o «alguienes«- mueve/n los hilos. Esta novela me ha terminado de convencer. Luego lo explico. Antes… ¿por qué la recomiendo?

Porque es una novela ligera, fácil de leer. Directa al grano y muy mundanal, te identificas rápidamente con los protagonistas. Y lo más importante: porque todos deberíamos pertenecer a un grupo así. Cuenta cómo tres amigos montan un colectivo de protesta contra las multinacionales y los políticos. Sólo protestan, no pretenden cambiar nada pues son conscientes de que no pueden. Pero no se callan. Patalean. Habla de Internet y las redes sociales, de cómo estamos atrapados y nos controlan; saben lo que nos gusta, lo que queremos, lo que buscamos… Al mismo tiempo el protagonista te mete en su mundo de manera que no sabes cuándo termina la realidad y comienza la ficción. Su relación con su novia -parte activa de la trama-, con sus amigos -socios cofundadores-, su trabajo… Sus gustos literarios, cinematográficos y musicales. He hecho una lista en Spotify con algunos de los grupos que recomiendan, yo la he puesto mientras leía el libro. Escucha…. En su web enlazan a todas sus recomendaciones. Es más, el libro no acaba en su última página en papel; continúa en el blog que escriben mes a mes.

Como decía al principio me he convencido de que nos controlan, nos manejan como a marionetas. La tele, la radio nos cuentan lo que quieren que oigamos. No son neutrales, el periodismo neutral no existe; todos sabemos de qué pata cojea cada uno. Internet es el microchip que nos han incrustado en la sesera y por el que saben todo acerca de nosotros.

«¿Cómo es posible que siempre llegue publicidad sobre temas tan específicos? (…) Las búsquedas que realiza un usuario con su móvil o su ordenador (…) se envían a una base de datos relacionada que comparten o se venden entre sí las multinacionales. También el texto de nuestros correos electrónicos (…). Con esta información de cada uno de nosotros, somos libros abiertos, ratones de laboratorio a los que observar en el estado más puro: la privacidad. Y es que cuando uno se cree a solas es el único momento en el que es verdaderamente sincero».

tch!

Este es un enlace a los primeros capítulos del libro, para que conozcas de primera mano el tono en el que está escrito.

PD: Por cierto, tch! es la «onomatopeya que representa el ruido que hacemos al chasquear la lengua con el paladar cuando algo no nos gusta, nos contraría o nos molesta».

Retroalimentación

Retroalimentación
Uno inevitablemente se pregunta si alguien estará leyendo su blog…,

…y un buen día en una reunión familiar un primo le dice que le hizo reir lo del cambio de dinero, un amigo deja un comentario diciendo que le gusta mucho el homenaje a REM, una amiga, durante una conversación telefónica, le incita a continuar «escribiendo así de bien» o, más difícil todavía, ¡se encuentra con la contestación de los aludidos en uno de los posts!

Todos los casos me animan y me hacen mucha ilusión, y agradezco que estéis ahí a pesar de que escribo tan poco.

¡La retroalimentación es muy importante! No puedo negarlo. Es muy gratificante saber que a alguien le gusta cómo escribes, que le haces reir o que le interesa lo que cuentas. ¡Pero también se da a la inversa! Tengo presentes vuestras ideas, recomendaciones, sugerencias… Como aquella vez que una amiga me dijo cómo le molestaba que le saltara la música al abrir mi blog -lo configuré para que se oiga sólo si se da al play-, o aquellos tantos que me habéis dicho que no podéis publicar comentarios -esto aún no he averiguado por qué es; sé quién diría que cambie de navegador, que el Internet Explorer es una mierda… pero mi hermana no utiliza el Explorer…-.

Y bueno, como dirían mis amigos de por ahí arriba, sin más. Que se agradece que andéis por la retaguardia ;)

Un abrazo a tod@s :)

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