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Qué cosas pasan cuando vuelan mosquitos sobre las cabezas

Qué cosas

Qué cosas pasan cuando vuelan mosquitos sobre las cabezas

Un día vi mosquitos sobre una cabeza.

La cabeza avanzaba y se paraba y los mosquitos avanzaban y se paraban. A su alrededor había más cabezas. Unas más altas, otras más bajas. Algunas de las cabezas más bajitas avanzaban más rápido y desandaban lo andado para volver a avanzar más rápido. Iban y venían, iban y venían. Sólo la cabeza que un día vi tenía mosquitos. Qué cosas…

Yo caminaba a mi ritmo y la cabeza y los mosquitos y las demás cabezas me adelantaban; las cabezas más bajitas me adelantaban a mi y a la cabeza alta y a los mosquitos; varias veces. La cabeza bajo los mosquitos hablaba con las demás cabezas, pero los mosquitos no volaban de una a otra. Entonces yo les adelantaba a todos, a las cabezas altas, a las bajitas y a los mosquitos. Pero ni siquiera cuando yo les adelantaba venían conmigo. Se quedaban pacientemente volando esperando a que su cabeza volviera a avanzar. Los mosquitos, digo…

Debía ser una relación interesada. O desinteresada, quién sabe. De esas que aprendimos en las clases de naturales cuando dábamos naturales. Los peces que viajan sobre otros peces y les limpian a cambio de que los peces grandes les lleven. Esta es una relación interesada de mutuo acuerdo; tiene un nombre la relación pero no me acuerdo. En cambio me acuerdo de las clases de naturales y del libro verde con círculos de colores.

No veo qué interés pueden tener unos mosquitos en volar sobre una cabeza, ni la cabeza en tener una aureola de mosquitos.

Ha pasado mucho desde entonces. Un año. Cuatro estaciones enteras, tres de ellas invierno.

He vivido en cinco casas contando el hostal. He ido en bici, en autobús, en tren, en barco, en avión y en coches sin volante. He andado y he perdido autobuses porque no puedo correr. Pero luego han llegado más autobuses.

He estudiado y he dicho que estudiaba pero no estudiaba. He hecho cursos en los que no había profesor y cuando había llegaba a las once. Y cuando venía tres días seguidos se cambiaba la corbata pero no se cambiaba el resto. Al menos siempre iba a juego.

He tomado tés de dos unidades monetarias (en adelante u.m.) y cervezas de cuatro u.m. He comido en casa porque fuera piden demasiadas u.m. He escuchado música y he intentado cantarla.

He hablado horas por teléfono porque entre nosotros es gratis. He enviado infinitos mensajes porque son ilimitados. He guardado correos electrónicos porque un día los releeré y me reiré – o lloraré.

He salido poco porque estoy muy a gusto en casa. He salido lo suficiente.

He leído y he escrito. No he visto la tele porque no tengo. He visto series en versión original y con subtítulos. He escrito y he leído y he vuelto a escribir hasta dar por bueno lo escrito.

Nunca me regales un reloj o un ebook o una tele.

He ido al gimnasio pero luego no porque hacía frío. Así que he engordado y ahora estoy a dieta. Ah, no, que siempre estoy a dieta. Me he comido una galleta porque me la he ganado.

He hecho planes y no los he cumplido. He hecho cosas que no he planeado. He deseado cosas y han ocurrido. O no. Así que he sido feliz. Y no.

He querido un poquito y he dejado de querer. Creo. Me han querido y me han dejado de querer. Supongo.

Hace mucho viento. Me gusta más la lluvia que el viento. Me gusta el cuadro que vi a través de un cristal lloviendo. Me gustó el pastel que vendían junto al cuadro a través del cristal lloviendo.

He cumplido un año, más. Eso es bueno porque lo contrario es malo. Esto lo han dicho en la radio. Es malo a pesar de que no te enteras. Espero. Esto lo digo yo.

He escuchado la radio. He ido al cine pero no al teatro. He ido a sótanos y había cómicos. A algunos les entendía, incluso. El cine es caro.

Ha pasado un año y hasta he encontrado trabajo.

Contable o Accounting, quizá sea hora de cambiar de profesión

Cambiar de profesión

Contable o no contable, quizá sea hora de cambiar de profesiónMe pasan tantas cosas raras que me estoy planteando escribir un libro de anécdotas. Eso, o cambiar de profesión. Esta es la más reciente…

Conversación telefónica traducida del inglés con alguien que me llamó ayer por la mañana:

– Eva: ¿Hola?
– Alguien: Hola. ¿Quién eres?
– E: Soy Eva, me acabas de llamar tú.
– A: ¿Eres la limpiadora?
– E: ¡No! ¡Soy la contable!
– A: ¡Ah! ¿Cuánto cobras por sexo?
– E: ¿Perdón? ¿Puede repetir?
– A: Por SEXO. ¡SEXO, SEXO! ¡Cuánto cobras por SEXO!
– E: ¿Qué? Perdón pero creo que está llamando a la persona equivocada.
– A: No, eres tú, reconozco tu voz.
– E: Bueno, ¿quién eres? (A estas alturas pensaba que era algún amigo tomándome el pelo…).
– A: Ya sabes quién soy, hablamos en enero. Te envié mi polla -admitido por la RAE, así que ahí ha ido-.
– E: Perdona no sé quién eres.
– A: Vale, vale, adiós (cabreado…).
– E: Adiós (impactada…).

Juro que el anuncio de trabajo que publiqué era sobre contabilidad. Quizá necesite revisar mi inglés porque igual estoy ofreciendo
algo totalmente diferente sin saberlo :-/

Hasta la próxima anécdota :-)

Qué timo

Hace pocas semanas estábamos en la playa pensando que el invierno se retiraba tímidamente y la primavera comenzaba a abrirse paso asomando la nariz entre las gélidas tinieblas invernales. Incrédula de mi, qué timo oye…

Vaya timo cuando el sol se cambia por la lluvia
Brighton Pier

No es una nueva moda ni la foto es de los años 20 en que los bañadores iban del tobillo al cuello y viceversa. Ir a la playa aquí no implica sombrilla, toalla y bronceador. Pero qué agradable el sol, aunque a diez grados.

¿Retirarme yo? Ni hablar, dijo el invierno. Y la semana pasada, después de aquel día de tregua:

Palmeira Square, Brighton, UK
Palmeira Square, Brighton
Preston Park, Brighton, UK
Preston Park, Brighton

Menos mal que algunos sabemos sacar provecho sea cual sea la situación…

Brighton, UK
The Bee´s Mouth

The Bee´s Mouth

Desde que estoy en Brighton he pasado muchas veces delante de The Bee´s Mouth y nunca se me habría ocurrido entrar. Por las luces de neón, supongo, que no son muy británicas…

The Bee´s Mouth

Hace unos días me lo propuso una amiga y, al ver que tienen música en directo, me animé. Fuimos esta noche y lo que me encontré superaba con creces mis expectativas. Así que aquí estoy ahora, tomándome mi copita de vino -he descubierto unas botellitas bi-dosis de un vino Australiano muy rico. Las hay de Campo Viejo, pero su sabor se parece sospechosamente a un tal Don algo…-. ¡A lo que voy!

Lo primero, el lugar. Uno de esos en los que entras y te sientes bien, ¿no te pasa? No sé si por el ambiente, la decoración, la música… o todo junto quizá. Pero buen rollo. Me gustó el pub.

Tres plantas. La primera, una intermedia que viene a ser una especie de apartado, y la planta baja donde fue el concierto. Era bastante pequeño, la gente sentada en el suelo pegada a los músicos. Era muy familiar, de hecho era como un concierto improvisado en el salón de casa con el nieto, el amigo del nieto y su primo tocando, y la abuela al fondo haciendo punto -con todo el cariño-. Muy entrañable.

The Bee´s Mouth

Lo segundo que me gustó fue el rato tan agradable que pasé escuchando tres bandas de la zona en directo.

WOODLAND BLUE

Woodland Blue, The Bee´s Mouth, Brighton

Woodland Blue son tres chavales de Cornwall, al sudoeste de Inglaterra, y de Brighton al sur, donde vivo. Y qué mejor manera de describir su música que con una canción, Looking Glass.

TIME FOR T.

Los segundos en tocar fueron Time for T. Se trata de un proyecto liderado por un portugués llamado Tiago y en sus representaciones pueden aparecer hasta seis músicos más: Tiago, Harry, Joshua, Oliver, Martyn, Juan y Raphael. Esta noche actuaron solo Tiago y Juan. El que se oculta tras el micro es Juan:

Time for T., The Bee´s Mouth, Brighton

Ellos mismos definen su genéro como música ‘Alternative to what‘, es decir «Alternativa a qué». Me gusta este término, da que pensar. Por otro lado, alguien los define diciendo ‘Jangly, energetic, cleverly worded songs with a bohemian easiness and enigmatic charm‘. Lo que viene a ser «Canciones ¿campanilleras?, energéticas, de letras inteligentes con una sencillez bohemia y encanto enigmático». Algo así…

Te dejo con Tornado.

K.A.T.E.

La banda estelar -por ser los últimos, por su diversidad, porque a algunos les gustará más… pero no porque las dos anteriores formaciones dejen que desear- fue K.A.T.E.

K.A.T.E., The Bee´s Mouth, Brighton

La banda está formada por tres chicos -Kevin Murphy, Andrew Stuart-Buttle y Tom Anderson- y una chica -Ellie Ford-. Hoy sólo tocaron dos de los chicos y la chica. He de decir que me fascinaron. Escucharles era como dejarse mecer por las olas en medio de un océano de aguas tranquilas en un día de cálida primavera. Muy cursi, ya, pero describe casi, casi la sensación: agradable, relajante, confortante… Se definen en su Facebook como ‘4 Songwriters join forces to make one being‘, en cristiano «Cuatro cantautores aúnan fuerzas para formar un ser». Empecé fascinándome mientras se preparaban viendo a la chica poniendo a punto su arpa:

K.A.T.E., The Bee´s Mouth, Brighton

Seguí fascinándome, además de con la música, con su habilidad para tocar varios instrumentos y la facilidad que tenían de cambiarse de uno a otro. Sin ir más lejos, Ellie (la chica) tocó el arpa, la guitarra, el piano y cantó estupendamente. Para ser sincera, he de decir que además de la fascinación me quedé con una sensación de admiración y un amargo regusto de envidia no sana, sino cochina.

K.A.T.E., The Bee´s Mouth, Brighton

En el momento de esta foto Ellie estaba tras el piano y el chaval de la derecha se había pasado de tocar el piano y el violín, a tocar la guitarra.

Te dejo con Take me to Shore.

Que lo disfrutes tanto como yo…

Descubrimientos imprevistos

Esta mañana me dijeron que hoy iba a ser el último día de buen tiempo, que a partir de mañana empieza a llover. Así que agarré la bici, empecé a pedalear dirección, digamos, Este, hasta que llegué a Rottingdean.

No hice visita turística, mi llegada a este pueblo fue casual. Podría haber seguido pedaleando pero me paré aquí. Me dejé llevar y descubrí un rincón muy acogedor. Estuve unas cuatro horas sentada, mirando el mar y pensando en mis cosas. Uno de esos momentos, descubrimientos imprevistos, que tanto me llenan.

Me he quemado la cara y los brazos… ¡Qué raro! Pero es que no estaba tomando el sol. Sólo estaba pensando en mis cosas y el sol no pegaba fuerte como para darme cuenta de que me estaba quemando.

Descubrimientos imprevistos

El banco en el que estuve sentada cuenta una historia. La historia de una tal Violet Lilley que falleció a los 85 años de edad, pero que antes de fallecer conmemoró a su difunto marido Bill Lilley que tanto disfrutó de este paseo bajo el acantilado. A su vez, alguien conmemora a Violet, adorable esposa de Bill.

Puedo ver a Violet y a Bill sentados en este banco en el que ahora estoy yo, después de un largo paseo cogidos de la mano.

Rottingdean, Brighton, UK

Qué historias ocultará este banco, este paseo… me pregunto.

The Spanish Combination

The Spanish Combination

Hace no mucho pensaba que los ingleses no estaban interesados en aprender otros idiomas. ¿Que por qué? Por varias razones. Por una parte porque no lo necesitan. Todo el mundo quiere aprender inglés, y cuando digo todo el mundo, es todo el mundo. Por otra, porque todo el mundo habla inglés. Particularmente considero que los idiomas son muy importantes; la cuestión es, ¿qué idiomas?

He vivido la mayor parte de mi vida en una zona turística y he tratado con todo tipo de turistas. Y mi particular investigación lanza la teoría de que los ingleses son -vamos a decir casi- los únicos que se dirigen a cualquiera en inglés, sin comprobar antes si hablan su idioma. Y para qué habrían de hacerlo si saben que les van a entender con un alto margen de probabilidad.

Últimamente mi teoría está dejando de caer por su propio peso. Una de las primeras cosas que hice al llegar a Brighton fue poner un anuncio en el que proponía intercambio de idiomas. Es decir, me ofrecía a enseñar español a cambio de que me enseñen inglés con una condición: que fueran nativos y no extranjeros con conocimientos del idioma. No salgo de mi asombro al comprobar la cantidad de gente que, aún hoy -unos dos meses después de mi llegada- me sigue llamando interesada. La gran mayoría tienen muy buen nivel de español y mucha predisposición a aprender además de a enseñar su idioma. Añado además que gran parte de ellos son profesores de inglés.

The Spanish Combination

Y esta noche ha sido la de la abolición de mi teoría. Una amiga me propuso ir a The Spanish Combination. The Spanish Combination consiste en que cada jueves a las 21h. un grupo de gente hispano y angloparlante se reúne en un pub, The Cornerstone, y habla entre sí en ambos idiomas. Antes de ir no tenía muchas expectativas puestas en la experiencia, pero el balance final ha sido claramente positivo.

Cuando llegué sólo estaba mi amiga y una señora más. Nos sentamos un rato las tres y al poco me dirigí a la barra. Estaba pidiendo mi half pint y alguien a mi lado me preguntó si venía a lo del intercambio. Tenía aspecto de español pero era inglés de pura cepa. Le invité a unirse a nosotras. Cuando íbamos hacia donde estaban mi amiga y la otra mujer, ya no eran dos, eran cinco personas. Y dos minutos después llegaron otros dos que se unieron al grupo. Cuando me quise dar cuenta éramos un grupo de entre diez y quince personas. ¡Pero esto no es todo! Empecé a fijarme en el pub y descubrí que se habían formado nuevos grupos. Ingleses con ganas de aprender o mejorar su español. Españoles con ganas de aprender o mejorar su inglés.

En conclusión, ha sido una experiencia muy enriquecedora, interesante y productiva. Yo, además de haber conversado durante tres horas con ingleses, me he llevado una posible propuesta de formación laboral… en inglés. Además, he aprendido que no sólo I like, sino que I like it… ;) ¿Quién da más?

Un imprescindible

Uno suele irse por los Cerros de Úbeda cuando se trata de perseguir la felicidad y no se da cuenta de que la tiene ante sus narices, de que quizá se trata del instante que está viviendo. Un instante, mas otro intante, mas otro… estos son los que conforman la felicidad.

Hoy disfruté de un momento de estos. Un día soleado, paseo por la playa. Tumbada en una hamaca en el Brighton Pier, sobre el mar y con vistas al mar. Suena una canción* que quizá complementa -o completa- el instante. Me percato de que realmente estoy disfrutando el momento y lo aprecio.

Un imprescindible

Y como todo encanto tiene su desencanto… Como todo hechizo es roto por el maleficio de la bruja… Este no iba a ser menos.

Estaba con los ojos cerrados pensando en mis cosas cuando de pronto sentí un taponacito en la parte interna de mis rodillas y, seguido, un calorcito diminuto que iba resbalando por mis piernas. Me sobresalté, abrí los ojos, me incorporé y miré. Todo ocurrió en décimas de segundo, desde el taponacito hasta que estaba incorporada y ví qué sucedía.

Una cagada de gaviota.

Hala, momento feliz al traste.

Lo típico, miras a los lados esperando que nadie se haya dado cuenta. Como cuando te caes en medio de una rambla un domingo de verano en que la gente no tiene otra cosa que hacer que pasear por la rambla. Te caes y esperas que nadie te haya visto. Pues yo igual con la necesidad del bicho volador. Bueno, recurro a mi bolso recordando que no me quedan pañuelos y diciéndome a mi misma «¡Algo habrá! ¡El fular aunque sea!». Cuando de pronto me viene la luz y recuerdo las toallitas húmedas. Porque no creo en aquel, si no diría benditas sean. Me quedaré con que son un imprescindible.

Y comienza a abordarme de nuevo la sensación de felicidad de la que vengo hablando. «Menos mal que ha sido en las piernas y no en el pelo o en la ropa…». «Menos mal que tengo toallitas, para que luego los varones se quejen del bolso de Mary Poppins que solemos llevar las féminas».

La conclusión final que hago es la siguiente: No sé qué probabilidades hay en la vida de que te cague una gaviota pero supongo que pocas y a mí ya me ha cagado. Así que supongo que ahora me toca seguir disfrutando de esos instantes con la esperanza de que, ahora, le caiga a otro.

* El título de la canción es casual. ‘England‘, de The National. Estaba sonando, me percaté de lo bien que me sentía y miré el título.

Rainy day

He salido a las 8:25 a coger el bus para ir a clase y hacía sol y buena temperatura. A medida que transcurrían las horas el cielo se ha ido engriseciendo. Al finalizar la clase el profesor nos dijo que nos sintiéramos libres de irnos y, mirando al cielo, predijo que teníamos cinco minutos antes de que empezara a llover. Todo en inglés, rainy day, feel free to go, blablabla No habían pasado diez segundos de su predicción cuando empezó a caer un chaparrón de órdago.

Aún así nos fuimos. Nos sentíamos libres de ello.

Salí, abrí mi paraguas de una libra y me encaminé a la parada. Cogí el bus y me paré en la zona comercial. Una compañera me había dicho que en Waterstones, una librería en la que estuve hace un par de semanas, tienen libros de prácticas del First de Cambridge. Allá que me fui, pero ilusa de mi el otro día pensé que sólo había una planta de libros y otra de cafetería. El otro día sólo estuve en la primera planta y vi la cafetería anunciada pero no subí. Hoy, buscando el libro de prácticas, empecé a subir y me encontré con una segunda planta. Ahí no estaba.

Vi más escaleras. Subí. Ahí tampoco estaba. Ya van tres…

Vi más escaleras. Subí. Ahí tampoco estaba. Pero sí estaba la cafetería. Cuatro plantas.

Más escaleras. Subí. Al fin encontré el libro. Cinco plantas repletas de libros!

Buah, qué gozada… Sí, ya sé que la FNAC existe, pero a mi me hacía ilusión encontrar una librería de cinco plantas aquí, donde vivo ahora. Y con cafetería en medio.

Total que subí cinco pisos para nada porque el libro que había era un timo. Yo que pretendía ser legal y no descargarlo de Internet… Me fuí.

Al salir a la calle seguía lloviendo pero el órdago se había elevado a la quinta potencia. Es decir, llovía un huevo. Me dirigí de nuevo a la parada para continuar mi trayecto a casa y mi cabeza iba pensando. «Llueve, con truenos y relámpagos incluídos. Mira esa con la minifalda hawaiiana, qué frío! Vengo de una librería de cinco plantas con cafetería. No es momento de ir a casa. Es momento de entrar en una cafetería, pedir algo caliente, sentarme con un libro junto a una ventana y disfrutar del momento. Al fin y al cabo de eso se trata, de disfrutar el momento». De disfrutar cada momento como si fuera el último.

Mientras mi cabeza seguía pensando di media vuelta. Ríos de agua bajando por las aceras y por los desagües más. Todos los semáforos en rojo, el de peatones y el de coches. Parados al borde de la carretera esperando a que el semáforo se pusiera en verde. Todos parados como idiotas, más idiotas los peatones que nos estábamos calando gracias al viento lateral que acompañaba a la lluvia torrencial. Una valiente se atreve a dar un paso hacia adelante y a medio camino se arrepiente metiendo el pie justo por donde más agua corre. Toma pie hundido hasta el gemelo. Qué frío!

Se pone en verde -o no, pero cruzamos-. Frente a mi la entrada a Waterstones y la gente refugiada en la entrada -qué chico más mono!- esperando que amaine la lluvia. Venga, que ya queda menos. Ten cuidado con los charcos. Plas… Plassss… El agua hasta los tobillos y un fresquito bajando llenando poco a poco mis zapatos. Me acuerdo de la del semáforo. Pero si estoy en la acera! No es un charco, es el río que baja por la acera.

Subo. Chof, chof, chof… Tercera planta, cojo un libro. Chof, chof… Cuarta planta. Cafetería. Sólo una mesa libre junto al baño. Delante de mi un señor. Mierda… Lo pide para llevar. Bien! -seguro que tiene una piragua en la entrada-. Pido mi… consumición. Se levanta un señor sentado a una mesa junto a la ventana. Se va. Bien! Allá que voy. Chof, chof…

Me siento, abro mi libro, me traen mi chocolate caliente, miro hacia la calle y veo una marea de paraguas moviéndose en todas direcciones. Me pongo los auriculares, mi música, un sorbo a mi chocolate, vuelvo a abrir mi libro… ¿Se puede pedir más?

Rainy day

La SEÑORITA y el CHOCOLATE

Rainy day

CHOCOLATE: Me quieres, Señorita, ¿no es cierto? ¡Me quieres! ¡ME QUIERES!

SEÑORITA: No Chocolate, no te quiero, después del placer inicial vienen las NÁUSEAS y luego la CULPA.

CHOCOLATE: Esa, Señorita, es la razón de mi existencia. ¿Me vas a denegar mi razón de existir?

SEÑORITA: No, Chocolate. No haría eso.

CHOCOLATE: Gracias.

(Se oye alguien masticando, seguido de un suspiro de placer).

Prejuicios

Un día de estos iba andando por el paseo marítimo y me crucé con un ciclista. ¿Y qué? Diréis. Los hay a cientos, a miles, a millones… Y es cierto. Esta ciudad está tan preparada para el ciclismo que en su web oficial lo propone como «Cosas que hacer«. Bueno, pues como decía me crucé con un ciclista y me estuve riendo unas tres horas yo sola:

Prejuicios

No tuve tiempo de sacar la cámara a tiempo y tomé la foto ya de lejos y de espaldas, así que no se puede apreciar bien. Quizá en ésta se vea mejor:

Prejuicios

Está empinando el codo, ¿lo véis? Una Heineken. Y me hizo gracia oye, estas cosas sólo las haría un inglés -ya no digo guiri, vaya…-. Como decía, estas cosas sólo las haría un inglés: deporte mientras se echa una cerveza. Como bien me dijo mi primo, será su bebida isotónica. La de los ingleses, quiere decir. Seguí caminando y horas más tardes, sorprendida por la cantidad de ciclistas que estaba viendo, descubrí qué ocurría. Habían venido desde Londres hasta Brighton organizado por la «British Heart Foundation» –Fundación Británica del Corazón-. Esto cambió mis prejuicios… Lo que en un principio ví como un lazy sportsman -deportista vaguete- ahora lo veía como un «Te la mereces, campeón».

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