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Qué timo

Hace pocas semanas estábamos en la playa pensando que el invierno se retiraba tímidamente y la primavera comenzaba a abrirse paso asomando la nariz entre las gélidas tinieblas invernales. Incrédula de mi, qué timo oye…

Vaya timo cuando el sol se cambia por la lluvia
Brighton Pier

No es una nueva moda ni la foto es de los años 20 en que los bañadores iban del tobillo al cuello y viceversa. Ir a la playa aquí no implica sombrilla, toalla y bronceador. Pero qué agradable el sol, aunque a diez grados.

¿Retirarme yo? Ni hablar, dijo el invierno. Y la semana pasada, después de aquel día de tregua:

Palmeira Square, Brighton, UK
Palmeira Square, Brighton
Preston Park, Brighton, UK
Preston Park, Brighton

Menos mal que algunos sabemos sacar provecho sea cual sea la situación…

Brighton, UK

Bath…

Bath es una ciudad en el condado de Somerset situada al suroeste de Inglaterra. Fue nombrada Patrimonio de la Humanidad en 1987. Es un must see -visita obligada- y es considerada como la ciudad más bonita por una inmensa mayoría.

Bath

Además de por su belleza, es conocida por sus termas romanas. Según la Wikipedia estas fueron antes que la ciudad, siendo Bath fundada por los romanos como un complejo termal en el año 43 d.C.

Bath

Culturalmente cuenta con cinco teatros, diversos festivales -de música, cine, literatura y, cómo no, de cerveza-, una competición artística anual, una galería de arte y varios museos. Además, en diciembre de 1775 vió nacer a una de las más reconocidas autoras inglesas, Jane Austen. Aquí me detengo un rato. Como su más famosa residente, Bath homenajea de manera permanente a la escritora con un centro cuya exhibición narra la historia de cómo vivir en Bath influyó en la vida y obra de Austen. Anualmente se celebra además un festival en su honor -que, por cierto, este año tiene lugar este fin de semana, entre el 14 y el 22 de septiembre-.

Bath

Fue Bath además cuna de Thomas Gainsborough, pintor de retratos y paisajes; Thomas Lawrence, pintor de retratos y presidente de la Real Academia; John Maggs, pintor; William Friese-Greene, fotógrafo e inventor prolífico. Cinematrográficamente, Bath ha sido escenario de varias películas -Vanity Fair (2004), The Duchess (2008), The Elusive Pimpernel (1950) y The Titfield Thunderbolt (1953)- y progamas de televisión.

Sinceramente, creo que Bath cuenta con material suficiente como para escribir una trilogía y no tan sólo una entrada de humilde blog.

Como experiencia personal y a modo de resúmen, lo siguiente.

Fuí con un grupo de compañeras de academia en un viaje organizado. En el bus nos dieron este mapa en el cual están marcados los ocho puntos más importantes de la ciudad y su ubicación. Al llegar, los guías nos condujeron por el recorrido…

Bath

1. Bath Abbey
2. Roman Baths
3. Thermae Bath Spa
4. Victoria Art Gallery
5. Jane Austen Centre
6. The Circus
7. Assembly Rooms & Fashion Museum
8. Royal Crescent

… en 20 minutos. Os lo recomiendo. Ver una ciudad con tanto por ver en 20 minutos. Luego nos dejaron un hora para visitar libremente. Qué generosidad.

Por si dudáis, lo de los lados de la foto no son pisapapeles. Son la botella de vino que me estoy tomando y la copa en la que lo tomo. Todo esto mientras escucho Kings of Convenience.

Bath, Somerset, UK

Y finalmente, como anécdota contar que en 1696, a raiz de una caída de la economía, William III creó un impuesto por el que cada casa que tuviera más de seis ventanas debía apoquinar pasta. Como consecuencia, muchas de las casas con exceso de ventanas -seguramente las de la oposición- decidieron tabicarlas. De esta manera, una casa con 7-9 ventanas debía pagar 2 chelines y una casa con 10-19 ventanas debía pagar 4 chelines. Espero que esto no lo lea nuestro querido gobernador, no quisiera alimentar su abanico de medidas necesarias…

Prejuicios

Un día de estos iba andando por el paseo marítimo y me crucé con un ciclista. ¿Y qué? Diréis. Los hay a cientos, a miles, a millones… Y es cierto. Esta ciudad está tan preparada para el ciclismo que en su web oficial lo propone como «Cosas que hacer«. Bueno, pues como decía me crucé con un ciclista y me estuve riendo unas tres horas yo sola:

Prejuicios

No tuve tiempo de sacar la cámara a tiempo y tomé la foto ya de lejos y de espaldas, así que no se puede apreciar bien. Quizá en ésta se vea mejor:

Prejuicios

Está empinando el codo, ¿lo véis? Una Heineken. Y me hizo gracia oye, estas cosas sólo las haría un inglés -ya no digo guiri, vaya…-. Como decía, estas cosas sólo las haría un inglés: deporte mientras se echa una cerveza. Como bien me dijo mi primo, será su bebida isotónica. La de los ingleses, quiere decir. Seguí caminando y horas más tardes, sorprendida por la cantidad de ciclistas que estaba viendo, descubrí qué ocurría. Habían venido desde Londres hasta Brighton organizado por la «British Heart Foundation» –Fundación Británica del Corazón-. Esto cambió mis prejuicios… Lo que en un principio ví como un lazy sportsman -deportista vaguete- ahora lo veía como un «Te la mereces, campeón».

Oyster

La Oyster es la tarjeta de transporte londinense. Con ella puedes viajar en tren, bus y metro por las diferentes zonas de la ciudad.

Se puede registrar de manera que si la pierdes la cancelas y nadie se aprovecha de tu saldo. Además, si la registras saben qué líneas sueles usar y, si hay algún cambio o novedad, te avisan. En mi caso el bus que más utilizo es el 25, que me lleva desde la puerta de casa hasta el centro de Londres. Este es el mail que me han enviado:

https://cuadernobebitacora.com/oyster/

Dear Miss Busquier,

I am writing to let you know that from Saturday 25 June, double deck buses will replace the bendy buses currently on route 25.

Please note that you need to board through the front door only and all Oyster card users must touch in on the yellow reader.

There will be more buses, running about every 4‑8 minutes during the day, and every 6‑10 minutes in the evening and through the night.

O sea que ahora ponen un bus de dos plantas y pasará uno cada 4 o 10 minutos dependiendo de si es de día o de noche. Estoy bien comunicada, ¿eh? Y además podré ir arriba como si del bus turístico se tratase.

La odisea del cambio

CAPÍTULO 1 – La odisea del cambio

Cuando me vine a Londres cometí la negligencia de traerme euros en efectivo. Digo negligencia porque podría haberlo cambiado a libras en la tienda de mi madre y no habría pagado comisión, pero ilusa de mi no lo hice.

El primer intento de cambio lo hice en el aeropuerto de Stansted (Londres): me dieron gato por liebre. Para hablar en términos redondos, decir que a día de hoy, por 100 euros, te dan 87 libras. Eso sin comisiones, tal cual lo vale. Bueno pues en el aeropuerto me dieron 75 libras. ¡Toma 12 eurazos de comisión por la patilla! Lo que no sabía es que eso no era nada, lo peor estaba por venir…

Ya en Londres pregunté en un banco y resulta que aquí los bancos no cambian dinero. Bueno, al menos el Santander, que hay uno en cada esquina con la foto del Hamilton. El banco me manda a un Post Office; vamos, que sí, a la oficina de correos a cambiar euros por libras. Pues una vez en correos me dicen que también me dan 75 libras por 100 euros. Pero que si cambio muchos euros me roban un poquito menos, es decir que me dan 77 libras por 100 euros. A mi me sigue pareciendo un atraco y les mando a freir espárragos. Ya encontraré la manera de que no me timen descaradamente, me dije. Y la encontré.

Al mudarme a mi habitación me entero de que una de las compañeras, Irina, trabaja en oficinas de cambio y ella es quien me ha dicho dónde cambiar. En Oxford Street, importante calle comercial de Londres, está lleno de oficinas de cambio; de hecho en una de ellas trabaja Irina. Pues ahí NO hay que cambiar. Como anécdota, te dan 54 libras por 100 euros. ¡Toma! Y yo me quejaba de los 75 del aeropuerto y de correos… En Oxford Street también está lleno de tiendas de hindús quetodolovenden y que es donde SÍ hay que cambiar. Está un poco oculto, cuando vas por la calle tienes que fijarte en estas tiendas que se distinguen porque la mercancía se les sale hacia afuera de la presión que ejerce tanto producto en su interior. Y entre tanto artículo suelen tener un cartel en el suelo en el que pone Bureau de change e indican las libras que dan por la moneda que sea.

Aún así hay que preguntar, pero yo he hecho la prueba en una: en el cartel ponía que daban 86,25 libras por 100 euros, y tal cual me lo dieron. Nada mal teniendo en cuenta que hoy la libra está a 0,8752…

CAPÍTULO 2 – La odisea del cambio

Y para los que andáis con más tiempo o sois más ociosos, os regalo esta anécdota extra.

Hace un par de días fuí a una de esas oficinas de cambio de Oxford Street en las que NO hay que cambiar con la idea de preguntar. «¿Cuántas libras me das por 100 euros?», pregunto. «54 libras», me contesta ni corta… «¡¿Cómo?! Te estarás equivocando…», rebato. «No, no… ese es el cambio», reitera. «¡Y una leche!», le increpo y me piro, indignada. Nada más poner un pie fuera se me acerca un individuo y me dice que necesita dólares, que si le cambio a él. Le digo que no tengo dólares así que me dice que entonces lo que necesita son euros. Los que me conocéis sabéis que soy de efectos retardados, así que el tipo me caló y sabía que yo tenía euros. Yo seguía sin saber que él tenía billetes falsos, pero algo me olía mal. Que me pusieran 90 libras en la mano por el careto era algo extraño. Se acercó a otra oficina de cambio para que yo chequeara que eran billetes en curso. La chica del cambio también olió algo raro y me preguntó si íbamos juntos. Le dije que no y que no sabía lo que estaba pasando. Entonces me dijo que tuviera mucho cuidado, que ayer le había pasado lo mismo y que era peligroso etc etc etc… Ahí ya me cayó la moneda y me piré, pero el tipo volvió a llamarme. Yo le ignoré. Y empezó a venirme la lucidez. «Claro, ahora el tío sabe que llevo euros y me estará siguiendo». Y empecé a mirar hacia atrás y ví a un montón de sospechosos, sospechosos por todas partes.

Miraba hacia atrás, un sospechoso con gabardina y las manos en los bolsillos mirando al suelo siguiéndome. Miraba adelante, otro sospechoso saliendo de un portal. Seguro que están compinchados y se avisan por el móvil y se hacen el relevo. Me refugié tras una pareja. Y al rato pensé que igual el hombre era otro sospechoso camuflado con una mujer. O igual lo era la mujer, que hoy en día la igualdad está a la orden del día. Me metí en un Mac Donald’s y pedí una ensalada sin hambre. Ahí la gente no parecía tan sospechosa, con los coloretes en la mano y empolvándose la nariz mientras en la mesa de al lado engullían una hamburguesa. Hice tiempo para que los sospechosos se hartaran de esperar y fueran a timar a otro viandante. Me metí en el metro, me quedé de pie para controlar a los sospechosos.

Encontré a unos cuantos sospechosos. Uno en concreto tenía cara de ir a bajarse en mi misma parada. Estuve a punto de simular una salida en una parada anterior para engañarle, pero no me animé. En cambio él si se animó y se bajó.

Ha debido resultar mi táctica de hacerles esperar en el Mac Donald’s porque no me han robado. O igual me van a esperar mañana al salir de casa… ¿Y si me reconocen cuando vaya otra vez por Oxford Street?

Fernando’s Kitchen

Como chica de ideología «dejarse llevar» que soy, cuando más disfruto es cuando me encuentro de manera inesperada con situaciones que hacen detenerme y posponer aquello que me disponía a hacer. Hoy ha sido un día en el que he vivido tres situaciones de estas. Hablaré de una de ellas; las otras dos me las guardo en la manga como dos ases…

Había quedado en Trafalgar Square, frente a The National Gallery, cuando me llamó la atención una música étnica que salía del centro de un corro de personas. Me asomé y me encontré con tres músicos: un contrabajo, una guitarra española y un cajón flamenco. Curiosa combinación que mezclaba ritmos y sonidos flamencos y africanos:

Fernando's kitchen

Sonaba muy bien y afortunadamente estaba justo en el lugar en el que había quedado, así que mandé un mensaje con mi posición exacta y me quedé a saborear el momento. El ritmo de la música y la tarde soleada y no muy fresca invitaban a descalzarse y ponerse a bailar con una cervecita en la mano, pero me limité a escucharles.

Gracias a que en la foto aparece su nombre, he buscado en Internet y he encontrado su página web. Os dejo con un fragmento de ‘Fernando’s Kitchen‘.

Primeras andanzas

Hoy me mudo a mi habitación. Al fin podré instalar mi portátil, colgar mi ropa en perchas y contar mis primeras andanzas. La ropa lleva dos semanas en la maleta, y como la metí siguiendo las instrucciones de mi hermana, esto es enrollando cada prenda como un chorizo para aprovechar los espacios y que cupiera más, pues no hace falta que diga en qué estado está todo. Creo que una plancha no va a ser suficiente…

El miércoles se cumplieron las dos semanas desde que estoy aquí y a decir verdad es a partir de ese día que he empezado a disfrutar realmente de Londres. La primera semana no daba abasto buscando alojamiento -vale… y haciendo algo de turismo entre habitación y habitación…-, y la segunda semana me fui a Alicante a ver a aquellos a los que perdí de vista en tiempos en los que la ESO y la LOGSE -para quien sepa qué es esto…- quedaban bastante lejos, hará unos 22 años. Cómo disfruté del reencuentro es otra historia, a lo que voy es que estando en Alicante poco iba a disfrutar de Londres ;)

Entre el miércoles y hoy he ido al primer pub de música en vivo, y le seguirán muchísimos más… El ‘Ain’t nothin’ but…‘ es un bar de blues situado en Kingly Street, en el Soho, pleno centro de Londres. Es un bar pequeñísimo, con una banda distinta cada día tocando al fondo, aprisionada por la multitud de gente que está ahí no como oyente casual, sino como escuchante emocional.

Anoche le tocó el turno a una banda formada por un batería, un contrabajo, un bajo y un cantante con su armónica. Cuatro personajes que rondan los 50 a cuyo grupo soy incapaz de poner nombre por no haber tomado nota de él a tiempo. La «culpa» es de la web que ya está actualizada con la próxima actuación… maldita eficacia… :)

Retomar el timón

Hace unos meses creé este blog con la idea de contar mis aventuras y desventuras londinenses. Lo dejé estancado a conciencia: dado que mi viaje se pospuso de manera indefinida no me apetecía hacer relleno con otros temas. Hoy, al fin, retomo las riendas. He llegado a Londres hace cinco días, el miércoles 11 para ser exactos. Después de los primeros días habituándome a la ciudad vuelvo a retomar el timón.

El inicio ha ido sobre ruedas. Empezando por la acogida por parte de Patxa, amiga de Pamplona, y sus compañeros de piso «londinenses».

Los meses pre-viaje he estado un poco acojonada…: no dar la talla con el idioma, alojamiento, trabajo, sentirme sola (bueno, esto no, que a mi me mola). Pues haciendo balance estos cinco días resultan más que positivos. Salvo el primer día que puse mi reloj, el que no tengo ni quiero, en modo off y me dejé llevar por Patxa y por el momento -nuestro plan era hacer unas compras y comer en Camden y terminamos haciendo unas compras y cenando en Camden, rellenando el hueco entre medio con unas cuantas cañas y sin comer-. Pues eso, salvo ese primer día, me estoy desenvolviendo genial. Entiendo todo -desde pakistanís angloparlantes hasta guiris de pura cepa inglesa- y me hago entender. A veces hago trampa y utilizo el comodín del francés, pero da igual, me hago entender que es lo que cuenta. He ido de acá para allá en metro, en autobús, en tren… me he apeado de buses estropeados y de metros cortados a medio camino, y sin problema. Pido cosas en las tiendas y en los bares y me dan lo que he pedido. No pillo muy bien las monedas, pero extiendo la mano mostrando un puñado de ellas y se sirven solos. Vamos, que muy contenta con cómo me desenvuelvo.

Como contrapartida tengo que confesar que me he pegado unos cuantos sustos. No paro de ver coches que se conducen solos o, incluso, a veces son conducidos por niños de 12 años. Me han intentado atropellar varias veces -o igual soy yo que me meto delante de los coches-. Yo les grito: «¡Eh! ¡Que vas en sentido contrario!», pero no me hacen caso, ellos vienen contra mi por donde menos me lo espero. Bueno, con paciencia…

Una cosa que no me está gustando de todo esto es que Londres huele a curry. Si España huele a ajo, Inglaterra huele a curry, que es peor.

Otro día os contaré cómo llevo la búsqueda de alojamiento (evocar el olor a curry me lo ha recordado…). Por el momento os invito a que me sigáis a través de este blog cutre en diseño, lo sé, pero espero que ameno y rico en contenido.

¡Un beso!

Érase una vez…

Érase una vez…

Hace unos diez meses me subí a un avión junto a mi amiga Mabel que nos había invitado a mi y a otras dos amigas a pasar unas vacaciones. Hablando de todo un poco, le pregunté algo que me ronda la cabeza hace años: que qué tengo que hacer para trabajar como ella recorriendo mundo y conociendo gente. «¿Sabes inglés?», me preguntó. «Bueno… a mi profe que vocaliza estupendamente le entiendo, pero a los guiris…», le contesté. «Si aprendes inglés habrás metido un pie y medio dentro». Así que yo, tras un tiempo de meditación, charlas conmigo misma, intercambio de opiniones con mis allegados, etc… me encuentro a punto de tomar un avión dirección a la escuela: Londres.
Sí, eso ya me lo han dicho: Londres no es el mejor lugar del mundo para aprender inglés. Está tan lleno de extranjeros que casi no se habla. Sin embargo, otros me dicen lo contrario. Por lo que creo que son experiencias personales y que de lo que se trata es de hacer vida con los ingleses, no con los extranjeros. Así que he elegido ese lugar para vivir mi propia experiencia.
Después de tomar la decisión, se han dado un cúmulo de circunstancias que me han encaminado unas tras otras a lanzarme a esta aventura. La última, y puesto que lo que más me está costando es dejar a mi gente pamplonica y mi piso ‘mejorimposible bienubicado’, es que ha venido el portero a decirme que me van a limitar la potencia eléctrica tanto tanto que no voy a poder ni cocinar con un sólo redondel de la vitro, no digamos ya con dos y con la luz de la cocina encendida. Así que, ¿qué hacer si no puedo invitar a mis amigos a mi piso a cenar? No me ha quedado alternativa.
¡Y aquí estoy! Creando este blog del que tanto he hablado y espero que sigáis, sobre todo mi madre que siempre se preocupa de por dónde ando (ya te enseñaremos a entrar, tranquila; hermanas, ¡help!), con mis escasos conocimientos (dadme tregua, bikonianos) sobre el tema y recurriendo al de mi ex compi y amiga ‘Tu blog a porter‘ para copiarme de algunas cosas (Ana, pondré «vía…», ¡promised!). No olvido agradecer a Maitetxu el Brainstorming que nos obligó (sí, Iñaki, fue obligación) a ausentarnos de nuestras casas hasta el amanecer con el buen fin de ponerle nombre.
Por mi parte, procuraré ir contándoos mis andanzas, haciendo mis recomendaciones y esas cosas. Lo primero va a ser este finde en Madrid con mis chicas -Maite, María y María-, pero esto será mañana que ahora mirad la hora que es…

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