Etiqueta: Sol

Qué timo

Hace pocas semanas estábamos en la playa pensando que el invierno se retiraba tímidamente y la primavera comenzaba a abrirse paso asomando la nariz entre las gélidas tinieblas invernales. Incrédula de mi, qué timo oye…

Vaya timo cuando el sol se cambia por la lluvia
Brighton Pier

No es una nueva moda ni la foto es de los años 20 en que los bañadores iban del tobillo al cuello y viceversa. Ir a la playa aquí no implica sombrilla, toalla y bronceador. Pero qué agradable el sol, aunque a diez grados.

¿Retirarme yo? Ni hablar, dijo el invierno. Y la semana pasada, después de aquel día de tregua:

Palmeira Square, Brighton, UK
Palmeira Square, Brighton
Preston Park, Brighton, UK
Preston Park, Brighton

Menos mal que algunos sabemos sacar provecho sea cual sea la situación…

Brighton, UK

Descubrimientos imprevistos

Esta mañana me dijeron que hoy iba a ser el último día de buen tiempo, que a partir de mañana empieza a llover. Así que agarré la bici, empecé a pedalear dirección, digamos, Este, hasta que llegué a Rottingdean.

No hice visita turística, mi llegada a este pueblo fue casual. Podría haber seguido pedaleando pero me paré aquí. Me dejé llevar y descubrí un rincón muy acogedor. Estuve unas cuatro horas sentada, mirando el mar y pensando en mis cosas. Uno de esos momentos, descubrimientos imprevistos, que tanto me llenan.

Me he quemado la cara y los brazos… ¡Qué raro! Pero es que no estaba tomando el sol. Sólo estaba pensando en mis cosas y el sol no pegaba fuerte como para darme cuenta de que me estaba quemando.

Descubrimientos imprevistos

El banco en el que estuve sentada cuenta una historia. La historia de una tal Violet Lilley que falleció a los 85 años de edad, pero que antes de fallecer conmemoró a su difunto marido Bill Lilley que tanto disfrutó de este paseo bajo el acantilado. A su vez, alguien conmemora a Violet, adorable esposa de Bill.

Puedo ver a Violet y a Bill sentados en este banco en el que ahora estoy yo, después de un largo paseo cogidos de la mano.

Rottingdean, Brighton, UK

Qué historias ocultará este banco, este paseo… me pregunto.

Un imprescindible

Uno suele irse por los Cerros de Úbeda cuando se trata de perseguir la felicidad y no se da cuenta de que la tiene ante sus narices, de que quizá se trata del instante que está viviendo. Un instante, mas otro intante, mas otro… estos son los que conforman la felicidad.

Hoy disfruté de un momento de estos. Un día soleado, paseo por la playa. Tumbada en una hamaca en el Brighton Pier, sobre el mar y con vistas al mar. Suena una canción* que quizá complementa -o completa- el instante. Me percato de que realmente estoy disfrutando el momento y lo aprecio.

Un imprescindible

Y como todo encanto tiene su desencanto… Como todo hechizo es roto por el maleficio de la bruja… Este no iba a ser menos.

Estaba con los ojos cerrados pensando en mis cosas cuando de pronto sentí un taponacito en la parte interna de mis rodillas y, seguido, un calorcito diminuto que iba resbalando por mis piernas. Me sobresalté, abrí los ojos, me incorporé y miré. Todo ocurrió en décimas de segundo, desde el taponacito hasta que estaba incorporada y ví qué sucedía.

Una cagada de gaviota.

Hala, momento feliz al traste.

Lo típico, miras a los lados esperando que nadie se haya dado cuenta. Como cuando te caes en medio de una rambla un domingo de verano en que la gente no tiene otra cosa que hacer que pasear por la rambla. Te caes y esperas que nadie te haya visto. Pues yo igual con la necesidad del bicho volador. Bueno, recurro a mi bolso recordando que no me quedan pañuelos y diciéndome a mi misma «¡Algo habrá! ¡El fular aunque sea!». Cuando de pronto me viene la luz y recuerdo las toallitas húmedas. Porque no creo en aquel, si no diría benditas sean. Me quedaré con que son un imprescindible.

Y comienza a abordarme de nuevo la sensación de felicidad de la que vengo hablando. «Menos mal que ha sido en las piernas y no en el pelo o en la ropa…». «Menos mal que tengo toallitas, para que luego los varones se quejen del bolso de Mary Poppins que solemos llevar las féminas».

La conclusión final que hago es la siguiente: No sé qué probabilidades hay en la vida de que te cague una gaviota pero supongo que pocas y a mí ya me ha cagado. Así que supongo que ahora me toca seguir disfrutando de esos instantes con la esperanza de que, ahora, le caiga a otro.

* El título de la canción es casual. ‘England‘, de The National. Estaba sonando, me percaté de lo bien que me sentía y miré el título.

Rainy day

He salido a las 8:25 a coger el bus para ir a clase y hacía sol y buena temperatura. A medida que transcurrían las horas el cielo se ha ido engriseciendo. Al finalizar la clase el profesor nos dijo que nos sintiéramos libres de irnos y, mirando al cielo, predijo que teníamos cinco minutos antes de que empezara a llover. Todo en inglés, rainy day, feel free to go, blablabla No habían pasado diez segundos de su predicción cuando empezó a caer un chaparrón de órdago.

Aún así nos fuimos. Nos sentíamos libres de ello.

Salí, abrí mi paraguas de una libra y me encaminé a la parada. Cogí el bus y me paré en la zona comercial. Una compañera me había dicho que en Waterstones, una librería en la que estuve hace un par de semanas, tienen libros de prácticas del First de Cambridge. Allá que me fui, pero ilusa de mi el otro día pensé que sólo había una planta de libros y otra de cafetería. El otro día sólo estuve en la primera planta y vi la cafetería anunciada pero no subí. Hoy, buscando el libro de prácticas, empecé a subir y me encontré con una segunda planta. Ahí no estaba.

Vi más escaleras. Subí. Ahí tampoco estaba. Ya van tres…

Vi más escaleras. Subí. Ahí tampoco estaba. Pero sí estaba la cafetería. Cuatro plantas.

Más escaleras. Subí. Al fin encontré el libro. Cinco plantas repletas de libros!

Buah, qué gozada… Sí, ya sé que la FNAC existe, pero a mi me hacía ilusión encontrar una librería de cinco plantas aquí, donde vivo ahora. Y con cafetería en medio.

Total que subí cinco pisos para nada porque el libro que había era un timo. Yo que pretendía ser legal y no descargarlo de Internet… Me fuí.

Al salir a la calle seguía lloviendo pero el órdago se había elevado a la quinta potencia. Es decir, llovía un huevo. Me dirigí de nuevo a la parada para continuar mi trayecto a casa y mi cabeza iba pensando. «Llueve, con truenos y relámpagos incluídos. Mira esa con la minifalda hawaiiana, qué frío! Vengo de una librería de cinco plantas con cafetería. No es momento de ir a casa. Es momento de entrar en una cafetería, pedir algo caliente, sentarme con un libro junto a una ventana y disfrutar del momento. Al fin y al cabo de eso se trata, de disfrutar el momento». De disfrutar cada momento como si fuera el último.

Mientras mi cabeza seguía pensando di media vuelta. Ríos de agua bajando por las aceras y por los desagües más. Todos los semáforos en rojo, el de peatones y el de coches. Parados al borde de la carretera esperando a que el semáforo se pusiera en verde. Todos parados como idiotas, más idiotas los peatones que nos estábamos calando gracias al viento lateral que acompañaba a la lluvia torrencial. Una valiente se atreve a dar un paso hacia adelante y a medio camino se arrepiente metiendo el pie justo por donde más agua corre. Toma pie hundido hasta el gemelo. Qué frío!

Se pone en verde -o no, pero cruzamos-. Frente a mi la entrada a Waterstones y la gente refugiada en la entrada -qué chico más mono!- esperando que amaine la lluvia. Venga, que ya queda menos. Ten cuidado con los charcos. Plas… Plassss… El agua hasta los tobillos y un fresquito bajando llenando poco a poco mis zapatos. Me acuerdo de la del semáforo. Pero si estoy en la acera! No es un charco, es el río que baja por la acera.

Subo. Chof, chof, chof… Tercera planta, cojo un libro. Chof, chof… Cuarta planta. Cafetería. Sólo una mesa libre junto al baño. Delante de mi un señor. Mierda… Lo pide para llevar. Bien! -seguro que tiene una piragua en la entrada-. Pido mi… consumición. Se levanta un señor sentado a una mesa junto a la ventana. Se va. Bien! Allá que voy. Chof, chof…

Me siento, abro mi libro, me traen mi chocolate caliente, miro hacia la calle y veo una marea de paraguas moviéndose en todas direcciones. Me pongo los auriculares, mi música, un sorbo a mi chocolate, vuelvo a abrir mi libro… ¿Se puede pedir más?

Rainy day

La SEÑORITA y el CHOCOLATE

Rainy day

CHOCOLATE: Me quieres, Señorita, ¿no es cierto? ¡Me quieres! ¡ME QUIERES!

SEÑORITA: No Chocolate, no te quiero, después del placer inicial vienen las NÁUSEAS y luego la CULPA.

CHOCOLATE: Esa, Señorita, es la razón de mi existencia. ¿Me vas a denegar mi razón de existir?

SEÑORITA: No, Chocolate. No haría eso.

CHOCOLATE: Gracias.

(Se oye alguien masticando, seguido de un suspiro de placer).

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