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Qué cosas pasan cuando vuelan mosquitos sobre las cabezas

Qué cosas

Qué cosas pasan cuando vuelan mosquitos sobre las cabezas

Un día vi mosquitos sobre una cabeza.

La cabeza avanzaba y se paraba y los mosquitos avanzaban y se paraban. A su alrededor había más cabezas. Unas más altas, otras más bajas. Algunas de las cabezas más bajitas avanzaban más rápido y desandaban lo andado para volver a avanzar más rápido. Iban y venían, iban y venían. Sólo la cabeza que un día vi tenía mosquitos. Qué cosas…

Yo caminaba a mi ritmo y la cabeza y los mosquitos y las demás cabezas me adelantaban; las cabezas más bajitas me adelantaban a mi y a la cabeza alta y a los mosquitos; varias veces. La cabeza bajo los mosquitos hablaba con las demás cabezas, pero los mosquitos no volaban de una a otra. Entonces yo les adelantaba a todos, a las cabezas altas, a las bajitas y a los mosquitos. Pero ni siquiera cuando yo les adelantaba venían conmigo. Se quedaban pacientemente volando esperando a que su cabeza volviera a avanzar. Los mosquitos, digo…

Debía ser una relación interesada. O desinteresada, quién sabe. De esas que aprendimos en las clases de naturales cuando dábamos naturales. Los peces que viajan sobre otros peces y les limpian a cambio de que los peces grandes les lleven. Esta es una relación interesada de mutuo acuerdo; tiene un nombre la relación pero no me acuerdo. En cambio me acuerdo de las clases de naturales y del libro verde con círculos de colores.

No veo qué interés pueden tener unos mosquitos en volar sobre una cabeza, ni la cabeza en tener una aureola de mosquitos.

Ha pasado mucho desde entonces. Un año. Cuatro estaciones enteras, tres de ellas invierno.

He vivido en cinco casas contando el hostal. He ido en bici, en autobús, en tren, en barco, en avión y en coches sin volante. He andado y he perdido autobuses porque no puedo correr. Pero luego han llegado más autobuses.

He estudiado y he dicho que estudiaba pero no estudiaba. He hecho cursos en los que no había profesor y cuando había llegaba a las once. Y cuando venía tres días seguidos se cambiaba la corbata pero no se cambiaba el resto. Al menos siempre iba a juego.

He tomado tés de dos unidades monetarias (en adelante u.m.) y cervezas de cuatro u.m. He comido en casa porque fuera piden demasiadas u.m. He escuchado música y he intentado cantarla.

He hablado horas por teléfono porque entre nosotros es gratis. He enviado infinitos mensajes porque son ilimitados. He guardado correos electrónicos porque un día los releeré y me reiré – o lloraré.

He salido poco porque estoy muy a gusto en casa. He salido lo suficiente.

He leído y he escrito. No he visto la tele porque no tengo. He visto series en versión original y con subtítulos. He escrito y he leído y he vuelto a escribir hasta dar por bueno lo escrito.

Nunca me regales un reloj o un ebook o una tele.

He ido al gimnasio pero luego no porque hacía frío. Así que he engordado y ahora estoy a dieta. Ah, no, que siempre estoy a dieta. Me he comido una galleta porque me la he ganado.

He hecho planes y no los he cumplido. He hecho cosas que no he planeado. He deseado cosas y han ocurrido. O no. Así que he sido feliz. Y no.

He querido un poquito y he dejado de querer. Creo. Me han querido y me han dejado de querer. Supongo.

Hace mucho viento. Me gusta más la lluvia que el viento. Me gusta el cuadro que vi a través de un cristal lloviendo. Me gustó el pastel que vendían junto al cuadro a través del cristal lloviendo.

He cumplido un año, más. Eso es bueno porque lo contrario es malo. Esto lo han dicho en la radio. Es malo a pesar de que no te enteras. Espero. Esto lo digo yo.

He escuchado la radio. He ido al cine pero no al teatro. He ido a sótanos y había cómicos. A algunos les entendía, incluso. El cine es caro.

Ha pasado un año y hasta he encontrado trabajo.

Berlín holocáustica

Hace unas semanas hablaba de mi visita a Berlín desde un punto de vista arquitectónico. No técnico, pues yo de arquitectura sé de poco tirando a nada, sino como turista que visita los lugares emblemáticos de una ciudad.
Ahora quiero hablar desde un punto de vista histórico: Berlín holocáustica.
Hasta ahora sólo lo había leído en libros, escuchado en tertulias, visto en documentales, vivido en películas. Ahora lo he sentido. Esta sensación que se me ha quedado tras visitar el campo de concentración de Sachsenhausen me ha marcado, con la ayuda de un pequeño incidente que me ocurrió al final obligado de la visita.
Esta vez lo cuento todo con un Power Point:

Berlín arquitectónica

Siempre he querido ir a Berlín y allá que me he ido recientemente a pasar tres días. Tres días que saben a poco para tal ciudad, pero bien merecen la pena.

Se quedaron muchas cosas en el tintero. Elegir qué ver por un lado y descartar por el otro es ardua tarea. Y aunque llegué con la idea de trasladarme en autobús por la ciudad, la accesibilidad y cercanía al metro hizo que viajara bajo tierra como los topos y que perdiera la oportunidad de descubrir rincones, sin duda, dignos de visitar.

Ésta es mi Berlín arquitectónica…

Gendarmenmarkt

Berlín arquitectónica

Gendarmenmarkt, Berlín, Alemania

Gendarmentmarkt -mercado de los gendarmes- es una armoniosa y bella plaza flanqueada por la Französischer Dom -una catedral francesa-, la Deutscher Dom -una catedral alemana- y Konzerthaus (Schauspielhaus) -un auditorio-. Esta plaza fue originalmente planeada como un mercado y su nombre actal conmemora el regimiento de coraceros Gens d’Armes, cuyas caballerizas permanecieron en la plaza hasta 1773. El actual auditorio se erige en el lugar en el que inicialmente se alzaba un teatro francés, destruido por el fuego en 1817.

Berlín arquitectónica, Gendarmenmarkt

Gendarmenmarkt, Berlín, Alemania

Augustiner am Gendarmenmarkt

Para aquel que busque tabernas típicas en las que tomar una cerveza y comer algo, justo detrás descubrí Augustiner am Gendarmenmarkt.

De hecho fue la única taberna típica que encontré en todo el viaje y esta es la pena que me ha quedado pues estoy segura de que debe estar plagado de ellas. En cualquier caso, es un lugar autóctono, acogedor y la comida no está mal.

Museuminsel

Museum Insel

Museum Insel, Berlín, Alemania

La Museuminsel -isla de los museos- es un conjunto artístico formado por cinco prestigiosos museos y pertenece al Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Yo sólo anduve por los alrededores, me apetecía más plan callejeo e historia holocáustica y de la Alemania dividida. Pero si te interesa el arte sin duda es un buen lugar por el que comenzar. ¡Aunque Berlín está salpicada de museos por todas partes!

Brandenburger Tor

Berlín arquitectónica

Brandenburger Tor, Berlín, Alemania

La Brandenburger Tor -puerta de Brandemburgo- simbolizó en un pasado no muy lejano la separación entre Alemania oriental y occidental. En cambio, desde la caída del muro el 9 de noviembre de 1989, representa la unidad del país.

Fue construida entre 1788 y 1791 como puerta de acceso al «Nuevo Berlín» de la época. Durante la Segunda Guerra Mundial sufrió graves daños; fue reconstruida a lo largo de 1957. En 1961, con la construcción del muro de Berlín quedó sin acceso en general, con la excepción de guardias de frontera e invitados especiales, como la familia real.

Berlín arquitectónica
Denkmal für die ermordeten Juden Europas

Berlín arquitectónica

Denkmal

El Denkmal für die ermordeten Juden Europas -monumento a los judíos asesinados en Europa- se encuentra a escasos metros de Brandenburger Tor y consiste en una superficie de 19.000 metros cuadrados cubierta con 2.711 losas de hormigón de distintas alturas. Se puede transitar entre ellas y, al tratarse de una superficie de terreno inclinada, puedes encontrarte con losas a la altura de tus rodillas o literalmente sumergirte entre ellas.

El que fuera de noche cuando lo visité, que el tiempo estuviera helado, que la zona estuviera desierta, lo que representa el monumento, la historia vibrante de Berlín palpable desde cualquier rincón… el conjunto de todo esto supongo que fue lo que hizo que sintiera impresión, desolación, angustia, ¡miedo quizá! Una mezcolanza de sentimientos difícil de describir. Lo que recuerdo es que sólo quería salir de allí.

Denkmal, Berlín arquitectónica

Y lejos de que esto haga que no me guste lo que vi, lo que consigue es que lo admire más. Creo que es de lo que se trata con el arte: de hacer aflorar sentimientos. Positivos o negativos, pero sentimientos a flor de piel. Soy crítica con el arte moderno, aquel absurdo a mi modo de ver que no requiere de la elaboración exquisita, exclusiva sólo a unos pocos talentosos. Aquel arte que podemos hacer cualquier con un par de copas de más no me trasmite nada.

Berlín arquitectónica

Denkmal, Berlín, Alemania

Aquel día estuve visitando el campo de concentración de Sachsenhausen. Supongo que la experiencia, que contaré estos días, influyó también en cómo me sentí.

Bath…

Bath es una ciudad en el condado de Somerset situada al suroeste de Inglaterra. Fue nombrada Patrimonio de la Humanidad en 1987. Es un must see -visita obligada- y es considerada como la ciudad más bonita por una inmensa mayoría.

Bath

Además de por su belleza, es conocida por sus termas romanas. Según la Wikipedia estas fueron antes que la ciudad, siendo Bath fundada por los romanos como un complejo termal en el año 43 d.C.

Bath

Culturalmente cuenta con cinco teatros, diversos festivales -de música, cine, literatura y, cómo no, de cerveza-, una competición artística anual, una galería de arte y varios museos. Además, en diciembre de 1775 vió nacer a una de las más reconocidas autoras inglesas, Jane Austen. Aquí me detengo un rato. Como su más famosa residente, Bath homenajea de manera permanente a la escritora con un centro cuya exhibición narra la historia de cómo vivir en Bath influyó en la vida y obra de Austen. Anualmente se celebra además un festival en su honor -que, por cierto, este año tiene lugar este fin de semana, entre el 14 y el 22 de septiembre-.

Bath

Fue Bath además cuna de Thomas Gainsborough, pintor de retratos y paisajes; Thomas Lawrence, pintor de retratos y presidente de la Real Academia; John Maggs, pintor; William Friese-Greene, fotógrafo e inventor prolífico. Cinematrográficamente, Bath ha sido escenario de varias películas -Vanity Fair (2004), The Duchess (2008), The Elusive Pimpernel (1950) y The Titfield Thunderbolt (1953)- y progamas de televisión.

Sinceramente, creo que Bath cuenta con material suficiente como para escribir una trilogía y no tan sólo una entrada de humilde blog.

Como experiencia personal y a modo de resúmen, lo siguiente.

Fuí con un grupo de compañeras de academia en un viaje organizado. En el bus nos dieron este mapa en el cual están marcados los ocho puntos más importantes de la ciudad y su ubicación. Al llegar, los guías nos condujeron por el recorrido…

Bath

1. Bath Abbey
2. Roman Baths
3. Thermae Bath Spa
4. Victoria Art Gallery
5. Jane Austen Centre
6. The Circus
7. Assembly Rooms & Fashion Museum
8. Royal Crescent

… en 20 minutos. Os lo recomiendo. Ver una ciudad con tanto por ver en 20 minutos. Luego nos dejaron un hora para visitar libremente. Qué generosidad.

Por si dudáis, lo de los lados de la foto no son pisapapeles. Son la botella de vino que me estoy tomando y la copa en la que lo tomo. Todo esto mientras escucho Kings of Convenience.

Bath, Somerset, UK

Y finalmente, como anécdota contar que en 1696, a raiz de una caída de la economía, William III creó un impuesto por el que cada casa que tuviera más de seis ventanas debía apoquinar pasta. Como consecuencia, muchas de las casas con exceso de ventanas -seguramente las de la oposición- decidieron tabicarlas. De esta manera, una casa con 7-9 ventanas debía pagar 2 chelines y una casa con 10-19 ventanas debía pagar 4 chelines. Espero que esto no lo lea nuestro querido gobernador, no quisiera alimentar su abanico de medidas necesarias…

Descubrimientos imprevistos

Esta mañana me dijeron que hoy iba a ser el último día de buen tiempo, que a partir de mañana empieza a llover. Así que agarré la bici, empecé a pedalear dirección, digamos, Este, hasta que llegué a Rottingdean.

No hice visita turística, mi llegada a este pueblo fue casual. Podría haber seguido pedaleando pero me paré aquí. Me dejé llevar y descubrí un rincón muy acogedor. Estuve unas cuatro horas sentada, mirando el mar y pensando en mis cosas. Uno de esos momentos, descubrimientos imprevistos, que tanto me llenan.

Me he quemado la cara y los brazos… ¡Qué raro! Pero es que no estaba tomando el sol. Sólo estaba pensando en mis cosas y el sol no pegaba fuerte como para darme cuenta de que me estaba quemando.

Descubrimientos imprevistos

El banco en el que estuve sentada cuenta una historia. La historia de una tal Violet Lilley que falleció a los 85 años de edad, pero que antes de fallecer conmemoró a su difunto marido Bill Lilley que tanto disfrutó de este paseo bajo el acantilado. A su vez, alguien conmemora a Violet, adorable esposa de Bill.

Puedo ver a Violet y a Bill sentados en este banco en el que ahora estoy yo, después de un largo paseo cogidos de la mano.

Rottingdean, Brighton, UK

Qué historias ocultará este banco, este paseo… me pregunto.

Un imprescindible

Uno suele irse por los Cerros de Úbeda cuando se trata de perseguir la felicidad y no se da cuenta de que la tiene ante sus narices, de que quizá se trata del instante que está viviendo. Un instante, mas otro intante, mas otro… estos son los que conforman la felicidad.

Hoy disfruté de un momento de estos. Un día soleado, paseo por la playa. Tumbada en una hamaca en el Brighton Pier, sobre el mar y con vistas al mar. Suena una canción* que quizá complementa -o completa- el instante. Me percato de que realmente estoy disfrutando el momento y lo aprecio.

Un imprescindible

Y como todo encanto tiene su desencanto… Como todo hechizo es roto por el maleficio de la bruja… Este no iba a ser menos.

Estaba con los ojos cerrados pensando en mis cosas cuando de pronto sentí un taponacito en la parte interna de mis rodillas y, seguido, un calorcito diminuto que iba resbalando por mis piernas. Me sobresalté, abrí los ojos, me incorporé y miré. Todo ocurrió en décimas de segundo, desde el taponacito hasta que estaba incorporada y ví qué sucedía.

Una cagada de gaviota.

Hala, momento feliz al traste.

Lo típico, miras a los lados esperando que nadie se haya dado cuenta. Como cuando te caes en medio de una rambla un domingo de verano en que la gente no tiene otra cosa que hacer que pasear por la rambla. Te caes y esperas que nadie te haya visto. Pues yo igual con la necesidad del bicho volador. Bueno, recurro a mi bolso recordando que no me quedan pañuelos y diciéndome a mi misma «¡Algo habrá! ¡El fular aunque sea!». Cuando de pronto me viene la luz y recuerdo las toallitas húmedas. Porque no creo en aquel, si no diría benditas sean. Me quedaré con que son un imprescindible.

Y comienza a abordarme de nuevo la sensación de felicidad de la que vengo hablando. «Menos mal que ha sido en las piernas y no en el pelo o en la ropa…». «Menos mal que tengo toallitas, para que luego los varones se quejen del bolso de Mary Poppins que solemos llevar las féminas».

La conclusión final que hago es la siguiente: No sé qué probabilidades hay en la vida de que te cague una gaviota pero supongo que pocas y a mí ya me ha cagado. Así que supongo que ahora me toca seguir disfrutando de esos instantes con la esperanza de que, ahora, le caiga a otro.

* El título de la canción es casual. ‘England‘, de The National. Estaba sonando, me percaté de lo bien que me sentía y miré el título.

Rainy day

He salido a las 8:25 a coger el bus para ir a clase y hacía sol y buena temperatura. A medida que transcurrían las horas el cielo se ha ido engriseciendo. Al finalizar la clase el profesor nos dijo que nos sintiéramos libres de irnos y, mirando al cielo, predijo que teníamos cinco minutos antes de que empezara a llover. Todo en inglés, rainy day, feel free to go, blablabla No habían pasado diez segundos de su predicción cuando empezó a caer un chaparrón de órdago.

Aún así nos fuimos. Nos sentíamos libres de ello.

Salí, abrí mi paraguas de una libra y me encaminé a la parada. Cogí el bus y me paré en la zona comercial. Una compañera me había dicho que en Waterstones, una librería en la que estuve hace un par de semanas, tienen libros de prácticas del First de Cambridge. Allá que me fui, pero ilusa de mi el otro día pensé que sólo había una planta de libros y otra de cafetería. El otro día sólo estuve en la primera planta y vi la cafetería anunciada pero no subí. Hoy, buscando el libro de prácticas, empecé a subir y me encontré con una segunda planta. Ahí no estaba.

Vi más escaleras. Subí. Ahí tampoco estaba. Ya van tres…

Vi más escaleras. Subí. Ahí tampoco estaba. Pero sí estaba la cafetería. Cuatro plantas.

Más escaleras. Subí. Al fin encontré el libro. Cinco plantas repletas de libros!

Buah, qué gozada… Sí, ya sé que la FNAC existe, pero a mi me hacía ilusión encontrar una librería de cinco plantas aquí, donde vivo ahora. Y con cafetería en medio.

Total que subí cinco pisos para nada porque el libro que había era un timo. Yo que pretendía ser legal y no descargarlo de Internet… Me fuí.

Al salir a la calle seguía lloviendo pero el órdago se había elevado a la quinta potencia. Es decir, llovía un huevo. Me dirigí de nuevo a la parada para continuar mi trayecto a casa y mi cabeza iba pensando. «Llueve, con truenos y relámpagos incluídos. Mira esa con la minifalda hawaiiana, qué frío! Vengo de una librería de cinco plantas con cafetería. No es momento de ir a casa. Es momento de entrar en una cafetería, pedir algo caliente, sentarme con un libro junto a una ventana y disfrutar del momento. Al fin y al cabo de eso se trata, de disfrutar el momento». De disfrutar cada momento como si fuera el último.

Mientras mi cabeza seguía pensando di media vuelta. Ríos de agua bajando por las aceras y por los desagües más. Todos los semáforos en rojo, el de peatones y el de coches. Parados al borde de la carretera esperando a que el semáforo se pusiera en verde. Todos parados como idiotas, más idiotas los peatones que nos estábamos calando gracias al viento lateral que acompañaba a la lluvia torrencial. Una valiente se atreve a dar un paso hacia adelante y a medio camino se arrepiente metiendo el pie justo por donde más agua corre. Toma pie hundido hasta el gemelo. Qué frío!

Se pone en verde -o no, pero cruzamos-. Frente a mi la entrada a Waterstones y la gente refugiada en la entrada -qué chico más mono!- esperando que amaine la lluvia. Venga, que ya queda menos. Ten cuidado con los charcos. Plas… Plassss… El agua hasta los tobillos y un fresquito bajando llenando poco a poco mis zapatos. Me acuerdo de la del semáforo. Pero si estoy en la acera! No es un charco, es el río que baja por la acera.

Subo. Chof, chof, chof… Tercera planta, cojo un libro. Chof, chof… Cuarta planta. Cafetería. Sólo una mesa libre junto al baño. Delante de mi un señor. Mierda… Lo pide para llevar. Bien! -seguro que tiene una piragua en la entrada-. Pido mi… consumición. Se levanta un señor sentado a una mesa junto a la ventana. Se va. Bien! Allá que voy. Chof, chof…

Me siento, abro mi libro, me traen mi chocolate caliente, miro hacia la calle y veo una marea de paraguas moviéndose en todas direcciones. Me pongo los auriculares, mi música, un sorbo a mi chocolate, vuelvo a abrir mi libro… ¿Se puede pedir más?

Rainy day

La SEÑORITA y el CHOCOLATE

Rainy day

CHOCOLATE: Me quieres, Señorita, ¿no es cierto? ¡Me quieres! ¡ME QUIERES!

SEÑORITA: No Chocolate, no te quiero, después del placer inicial vienen las NÁUSEAS y luego la CULPA.

CHOCOLATE: Esa, Señorita, es la razón de mi existencia. ¿Me vas a denegar mi razón de existir?

SEÑORITA: No, Chocolate. No haría eso.

CHOCOLATE: Gracias.

(Se oye alguien masticando, seguido de un suspiro de placer).

Esta vez sí que sí

Bueno, bueno… hace tiempo que no escribo, lo sé. Esta vez he querido ser precavida y aquí estoy, esta vez sí que sí, escribiendo desde Brighton cuando llevo aquí once días. Aunque temporalmente, estoy instalada, y como dice una buena amiga, mimetizada -con esto quiere decir que alguna tarde me tomo una pint, bueno media porque a estos ingleses es difícil seguirles el ritmo-.

Y como una imagen vale más que mil palabras voy a mostrar y explicar un poquito. ¡Ahí va!:

Brighton Pier, UK

Esta es una vista desde el Brighton Pier. Originariamente, en 1823, fue una plataforma de atraque de barcos llegados de Francia. Durante diez años sufrió una serie de tormentas que causaron daños irreparables, hasta que en 1889 lo compró una compañía privada. Fue reconstruido y, con un coste de 27.000 libras en rehabilitación, reabierto el 20 de mayo de 1899. A lo largo de los años lo han ido modernizando con atracciones punteras, hasta llegar al día de hoy en que se ha convertido en una mini feria flotante con puestos de comida y bebida.

Brighton, UK Aquí el mar es verde… Como anécdota, contar que lo primero que ví al llegar a Brighton fue a un tipo plantar esa bandera roja y amarilla en la playa. Yo, desde mi ignorancia y contando con que estamos con la Eurocopa, pensé que era un patriota español marcando territorio. La bandera me pareció un poco chunga, todo hay que decirlo, a falta de una banda. Pero bueno, en mi defensa diré que no había dormido más que tres horas. A catorce grados y ese mar verde y revuelto, lo que menos me iba a imaginar era que se trataba del socorrista de la playa plantando la bandera de baño seguro. ¡Joé no hay más que fijarse en lo abrigada que va la gente!

 

Pero también sale el sol. Y la gente está a las puertas de las Royal Pavilion, Brighton, UK playas y los parques preparada, lista… Y cuando el sol sale, ¡ya!, echa a correr para aprovechar al máximo esos rayitos calentitos. El Royal Pavilion es un palacio de apariencia oriental construido por el rey Jorge VI -ese al que todos conocemos- entre 1787 y 1823. Además del visitable palacio, hay museos, galerías de arte y librerías. Y, rodeando los edificios, unos preciosos y cuidados jardines en los que se tumba la gente a leer, de picnic, a tocar los timbales o, simplemente, relajarse a tomar el sol.

Coger el móvil mientras se conduce duele

Yo era de las que pensaban que estas cosas ocurren a otras personas, que controlo cuando conduzco y que tengo cuidado. Era como tú, que piensas que pegarte una hostia por coger el móvil o cambiar de emisora sólo les ocurre a unos cuantos pardillos.

Esa era yo y ahora me he pasado al bando de los pardillos. Ahora puedo decir que coger el móvil mientras se conduce duele. En el saco de segundos de mi vida había un par de ellos, sólo dos, de los que consiguen que te salgas de la carretera mientras agarras el móvil del asiento de al lado. Había dos segundos de esos y ya los he gastado.

Estos dos segundos que os digo a veces se quedan en eso, dos segundos que te pegan un buen susto, te ponen el corazón a mil y piensas «joé qué susto, prometo no volver a coger el móvil mientras conduzco». Y hasta la próxima.

Otras veces los dos segundos del susto vacían de cuajo el saco entero de segundos. Quizá ocurra algo más entre medio, eso no lo sabremos más que por las noticias o por la esquela del periódico.

Finalmente hay ocasiones en que los dos segundos del susto preceden a un puñado de segundos más que duelen un huevo. Yo estoy en este grupo y puedo decir que soy afortunada a pesar de que duela de cojones. Soy afortunada porque lo estoy contando y porque duele, precisamente. Podría no sentir nada o podría estar en el grupo de los segundos vacíos, que cada uno decida qué es peor.

Sin entrar en detalles, mis dos segundos de distracción han conseguido postrarme a una silla durante un mes, luego otro más con muletas y sin apoyar un pie, y luego otros tres o cuatro meses de rehabilitación. Por ende, mis planes que todos conocéis se ven frustrados.

¿Lo positivo de todo esto? Primero que lo estoy contando, por lo tanto sigo teniendo un saco lleno de segundos; segundo que me duele, lo que significa que se curará; tercero que ahora sabré cómo utilizar mejor los segundos que me quedan; cuarto que quizá esto cale en ti y haga que te salgas del bando de los pardillos (es que ahora pienso que los pardillos son los que creen que están exentos).

Y ya en otro orden, aquello que sea lo que insiste en frustrar mis planes una y otra vez, si lee esto, que sepa que no lo va a conseguir, porque me rodea un puñado de gente que vale oro y que me da una fuerza sobrehumana para seguir.

Gracias familiares y amigos, porque sin vosotros no podría ;)

Oyster

La Oyster es la tarjeta de transporte londinense. Con ella puedes viajar en tren, bus y metro por las diferentes zonas de la ciudad.

Se puede registrar de manera que si la pierdes la cancelas y nadie se aprovecha de tu saldo. Además, si la registras saben qué líneas sueles usar y, si hay algún cambio o novedad, te avisan. En mi caso el bus que más utilizo es el 25, que me lleva desde la puerta de casa hasta el centro de Londres. Este es el mail que me han enviado:

https://cuadernobebitacora.com/oyster/

Dear Miss Busquier,

I am writing to let you know that from Saturday 25 June, double deck buses will replace the bendy buses currently on route 25.

Please note that you need to board through the front door only and all Oyster card users must touch in on the yellow reader.

There will be more buses, running about every 4‑8 minutes during the day, and every 6‑10 minutes in the evening and through the night.

O sea que ahora ponen un bus de dos plantas y pasará uno cada 4 o 10 minutos dependiendo de si es de día o de noche. Estoy bien comunicada, ¿eh? Y además podré ir arriba como si del bus turístico se tratase.

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